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Copa Libertadores

El Toluca muere creyendo

Los Diablos vencieron 3-1 en la vuelta a Sao Paulo, pero cayeron 5-3 en el global y se fueron eliminados en octavos de final
Zacatepec - Toluca: Copa MX, Semifinales

TolucaActualizado a
Toluca cayó 5-3 en el global ante Sao Paulo y se fue eliminado de la Copa Libertadores
Mexsport

Dijo Hebbel que "creer posible algo es hacerlo cierto". Hay ciertas formas de creer. Una, irrenunciable, es creer hasta el fin de los tiempos. Creer en la vida aún cuando el corazón ha dejado de palpitar. Otra, menos sensiblera, más pragmática, cree hasta que todo indicio que concuerde con su concepto de 'posible' se haya extinguido. Y otros, los más apañados, dicen creer cuando no. Será el afán de reírse de la propia desgracia, encontrar humor en la utopía.

 El Toluca, y gran parte de sus aficionados, pregonaron la primera. Aún cuando el tiro, estilo Raí, de Michel Bastos, forzó el vuelo supersónico de Talavera. Un milagro más. Si a Casillas le bautizaron en Madrid como 'El Santo', Talavera ya merece, de menos, una catedral y un sabor de chorizo a su nombre. Después del susto, el 'Tricolor del Morumbí' se apagó. Sin Ganso, exiliado al banquillo de suplentes, los paulistas perdieron volumen y color. En tanto, el Toluca, recargado por el suave sol de montaña, refulgió su rojo. Rojo escarlata; rojo rubí. Esquivel, misil tierra-aire, y Uribe, testarazo desviado, perturbaron la siesta de De Matos. Entonces, Trejo pilló al adormilado Vieira (se tomó las pastillas para dormir antes de un tiro libre) y puso el gol en la frente de Uribe. El gol lo habría firmado Palhinha.

 La dejación del Toluca en Morumbí (estafado por la enfermería) hizo ver al Sao Paulo de Bauza como el Sao Paulo de Telé Santana. Ahora, en la Bombonera se presentó el 'Tricolor' de los 60 (13 años de sequía). Un equipo timorato, regido por la especulación. Lo cierto es que a los brasileños los salvó la miopía del juez colombiano Lamouroux, quien creyó que las caídas de Uribe y Triverio ante los brazos de Vieira y Caio eran mero teatro. Eso y que Cueva, quien mandó a freír espárragos a Vieira, golpeó el cuero con el talón y no con el empeine. No tuvo el Toluca otra mejor ocasión. La falla, pavorosa, apagó al naciente "sí se puede", grito del que el Nemesio Diez reclama derechos de autor.

El segundo capítulo inició con el enésimo intento de Triverio y el gol como un puñal de Bastos: disparo de zurda ajustado a un agujero de ratón. El tiro, magistral, congeló al infierno, qué dirían The Eagles y Don Henley. Triverio, sin embargo, tenía otros planes. Creer. La inusual fortaleza del creer, pulsión de vida. Centro precioso de Trejo, la pelota muerta, hipnotizada, y el remate de Triveiro a segundo poste, con la vida por delante. Después, el partido entró en zona de turbulencia: Lamouroux perdonó un penalti de Ríos, Bauza armó cien revoluciones en el banquillo y Kelvin y Trejo se liaron en una competencia de zapateado.

"El Patón" sembró un campo de minas en el centro de campo. Centurión y Henrique emboscaron a Navarro, Brambila, Trejo, Esquivel. Me niego a creer que, a estas alturas, alguien seguía creyendo. Al menos en las gradas. El segundo gol de Uribe, pillo como siempre, fue un acto de amor propio. Los Diablos terminaron su viaje por la Copa Libertadores en la camilla, los ojos cerrados, el cuerpo inerte, pero con una sonrisa en su rostro. La sonrisa del que murió sin dejar de creer.

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