Coronavirus: nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde

Ciudad de México

El coronavirus ha afectado gran parte del mundo. Son cada vez más países en los que la pandemia ha atacado la salud, la economía y ahora el deporte.

La liga italiana decidió la semana pasada jugar sus jornadas a puerta cerrada para evitar contagios. El pasado fin de semana, Cristiano Ronaldo agradecía los aplausos de la grada vacía, un acto más que de soberbia, de nostalgia.

Ahora la Champions se une a la iniciativa. La gran mayoría de partidos alrededor de Europa se jugarán a puerta cerrada, con algunas excepciones. Bartomeu, presidente del Barcelona, declaró que para el encuentro en el Camp Nou entre el Barcelona y el Napolí se perderán 6 millones de euros.

Otras ligas seguramente implementarán la misma medida. La Eurocopa y los Juegos Olímpicos están en riesgo y la gravedad no solo está en perder el espectáculo, sino en la inyección económica que significan.

Ver un partido a puerta cerrada es toda una experiencia. Parece un error de transmisión, un partido amateur. Pierde gran parte del encanto. Cuando se dice que el público es el 12° jugador es porque, en realidad, el aficionado juega su parte. Es tan mágico que incluso los grandísimos avances tecnológicos no lo han podido sustituir.

¿Qué ventaja puede tener un equipo que juega de local si no están sus aficionados? ¿Cuánta presión puede sentir el árbitro? ¿Cuánto se puede intimidar el rival? ¿Qué tan apoyado y cobijado se sienten los locales? ¿Cuánto pesa un estadio? La respuesta a todas las dudas es: 'nada'.

En situaciones extremas como está se vuelve a valorar lo que es la afición, el protagonismo que tiene dentro del juego y la importancia de su rol. Es el condimento que da sazón a cualquier encuentro.

Es una oportunidad para que las instituciones, clubes y jugadores valoren a sus aficionados, incluso a los del equipo rival. También es buen momento para que como aficionados valoremos el peso que tenemos y el privilegio que significa disfrutar de un partido en vivo, porque nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.