Las historias dignas de contarse

Hace unos días una alumna me platicaba la historia de su nieto. Un chico de 18 años que está estudiando y jugando fútbol americano en Estados Unidos. El ciclo de Juan está por terminar y necesita una beca para continuar.

Quiere seguir una carrera en el americano, lo cual es un camino largo y muy complicado; si no es en Estados Unidos, es prácticamente imposible. Al hablar con su abuela, evidentemente salió la opción de tener un plan B, a lo que Juan contestó: “No puedo, voy a ganar la beca”.

No puede haber una respuesta que mejor describa a un atleta. Un deportista no puede tener opciones, no puede tener rutas alternas cuando hay una meta y objetivos tan claros, porque eso solo distrae la atención y no te permite ser y dar todo lo que puedes. Ante el hambre de triunfar no hay una zona de seguridad. Eso es la materia prima de cualquier deportista, sobre todo de los exitosos.

La historia de Juan me hizo recordar dos anécdotas de esas que arroja el deporte y a las que nos volvemos adictos. Una de ellas es de Tom Brady:

-Hola, Sr. Kraft, quería presentarme con usted, me llamo Tom Brady.

- Sé quien eres, eres nuestra selección 199 en la sexta ronda del draft.

- Así es, y soy la mejor decisión que está organización ha hecho en su historia.

Así fue el primer encuentro entre Robert Kraft, dueño de los Patriotas de Nueva Inglaterra, y Tom Brady. Leyéndolo 20 años después, parecía que Brady conocía el futuro y que su carrera, que en ese momento iniciaba, iba a ser la más exitosa de la NFL.

Más allá de eso, Brady había pagado un enganche para la compra de un departamento previo al draft. Es decir, tomó un crédito para un departamento sin tener trabajo. Siempre tuvo la seguridad de que sería seleccionado y que, al entrar a un equipo, lo demás dependería de él. Llevó desde antes de ser miembro de la NFL el mismo control en su vida que en sus ofensivas.

Otra historia fantástica es la de 'Lupita' González, medallista de plata en los Juegos Olímpicos Río de Janeiro 2016. 'Lupita' se hizo famosa por la imagen en la que cruza la meta desfallecida para colgarse el oro en los Panamericanos de Toronto, un año antes de la justa olímpica.

Después de los Juegos de Toronto tuve la oportunidad de entrevistar a Lupita, que es un ejemplo de constancia, disciplina y tenacidad. Su representante me contó que su máxima preocupación antes de llegar a Toronto era no saber quién la acompañaría a la prueba antidopaje. Su equipo trataba de quitarle la preocupación, pidiéndole que se concentrara en lo que vendría para ella y en dar su todo en la marcha. Lupita insistía, aquello era lo que más le preocupaba de todo lo que estaba por vivir. Hasta que su representante le dijo: “Tranquila, el control antidopaje solo lo hacen a los medallistas”. La atleta mexiquense contestó contundente: “Por eso”.

Siempre he pensado que el 90% de un atleta es la mente. El deporte no solo es una exhibición de lo que puede hacer el cuerpo; el reto real está en lo que hace la mente. La determinación, el hambre y la capacidad de empujarnos a ser mejores. No sé qué pase con Juan; sin duda, ha empezado de manera fantástica. Es de esas historias que el deporte nos regala, que son inspiradoras. Son las historias dignas de contarse.