Mucho que aprender de un campeón

El fútbol es un negocio, eso no es ninguna novedad. Sin embargo, por más contradictorio que parezca, en un negocio no todo es dinero. Tras el coronavirus es un hecho que el negocio del fútbol, tal y como lo conocemos, ya no será igual. El crecimiento económico que ha generado el balompié en los últimos años es exorbitante, pero ahora las consecuencias del parón y el confinamiento empiezan a generar sus primeros estragos.

Se han acabado los fichajes y contratos multimillonarios, era cuestión de tiempo para que fueran insostenibles. La deuda o, en el mejor de los casos, la pérdida económica de los clubes es importante, al grado de que a algunos les será imposible mantenerse con la plantilla, gastos e ingresos a los que estaban acostumbrados. Claro es el caso del Barcelona y el Real Madrid, Liverpool, Manchester City, Chelsea, Inter de Milán, Juventus, PSG y tantos más en el mundo. Estos ejemplos, como siempre, son los máximos representantes, para bien y para mal.

La semana pasada se jugaron las semifinales y la final de la Supercopa de España, en las que el Barca y el Madrid no jugaron mal, pero la Real Sociedad y el Athletic Club de Bilbao, a la postre campeón, lo hicieron mucho mejor. Fueron un derroche de fútbol en todos los sentidos; demostraron técnica, talento, sentido de equipo, lealtad, hambre y carácter.

No es casualidad que los equipos vascos estén dando cátedra. Y se debería de cuestionar y analizar qué están haciendo bien, qué parte del proceso y del modelo de éxito se les puede imitar. Dónde está el foco, el dinero y la importancia. Cuál es la fórmula de éxito que los equipos más grandes y de mayor presupuesto parecen haber perdido.

Las directivas son más realistas, claras y sólidas. Son mucho más eficientes porque el margen de error es menor. Hay menos política, no están secuestrados por empresas, ni por grupos políticos. Por encima de todo, hay un sentido de equipo que se contagia en todas las áreas del club y, por supuesto, la afición, que además son los primeros en contagiar el espíritu, valores y colores. Las aficiones vascas son las más fieles. El sentido de pertenencia permea a todos: afición, directivos, técnicos y jugadores; por eso juegan con el corazón.

El negocio parece una necesidad más que un fin. Hay muchas cosas por encima del dinero: el apoyo a las divisiones inferiores, juveniles e infantiles, inversiones a otros deportes vinculados que hacen crecer la grandeza e importancia del club. Todo esto alimenta ese sentido de comunidad; familias antes que un equipo. Hay menos protagonismo, no se depende tanto de estrellas y rara vez destaca uno sobre el resto; el equipo está por encima de todo. Al no ser el dinero la prioridad, las relaciones comerciales no generan división o luchas de poder. Los directivos y jugadores están más unidos.

No se llega a ser campeón por suerte, es el resultado de una serie de circunstancias y, ahora que la situación mundial del futbol está por cambiar, el más inteligente se logrará adaptar y sobrevivir. El modelo de éxito del Athletic debe ser tomado en cuenta, porque es futbol en su estado más puro y limpio. Porque hay mucho que aprender de un campeón.