No se entrena para competir, se entrena para vivir

Los días en los que termina o empieza un año parece que todo se mueve más lento y nos da más tiempo de todo. Aproveché ese lapso en el cambio de año, entre otras cosas, para ver películas.

No puedo empezar 2021, es más, no sé me ocurre una mejor manera de empezarlo, que recomendando la película de Cinderella Man. Estoy segura que será una gran experiencia para todos, en especial para los amantes de los deportes. De verdad que nadie puede pasar la oportunidad de verla. Por eso haré un análisis sin arruinar nada.

Es la historia de James J. Braddock, un pugilista de los años 20-30. Una historia basada en un hecho real. Tan humana que le llega a cualquiera. En el contexto de la Gran Depresión y la antesala a la Segunda Guerra Mundial, transmite principalmente empatía, admiración e inspiración.

James Braddock es mi nuevo héroe. Y, como todo héroe, necesita un conjunto de circunstancias, no todas positivas, pero una de ellas es el detonante que le da la vuelta a una historia, a una vida, a una lección. En este caso fue su amigo y representante Joe Gould.

Un deportista siempre necesitará a alguien que crea en él. Que lo anime e impulse, en especial en los momentos más complicados. Alguien que confíe en él más allá de lo que confía en sí mismo. Suena glorioso para un deportista, pero también para cualquier persona. Joe fue de esas personas que necesita el deporte, que visualizan más allá de lo que los demás logran ver. Que apuestan por su visión y logran la superación propia y del talento por el que se la jugaron, que tienen como prioridad sus valores y la integridad de su representado.

En el deporte actual necesitamos muchos Joe Gould. Todos necesitamos un Joe Gould en nuestra vida diaria y nosotros podemos ser el de alguien si buscamos el crecimiento, desarrollo y plenitud de quien está a nuestro alrededor. Porque un héroe nunca trabaja solo.

Cinderella Man es la mejor manera que tengo para desear el inicio de un nuevo año o de una nueva manera de ver la vida. Porque las circunstancias no son más que eso y nosotros podemos ser el verdadero arquitecto de nuestro destino. En el deporte no se entrena para competir, se entrena para vivir.