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MÉXICO 2-0 JAPÓN

México vence a Japón en su último partido del 2020

La Selección Mexicana, con goles de Raúl Jiménez e Hirving Lozano, logra recuperarse después de un primer tiempo de alarma para vencer a Japón en Graz, Austria.

Ciudad de MéxicoActualizado a
México vence a Japón en su último partido del 2020
Eric AlonsoMEXSPORT

La Selección Mexicana sobrevivió a una encerrona samurái y a las inclemencias de la naturaleza en un partido que empezó como tortura, evolucionó en paseo y finalizó en ejercicio de superviviencia. 22 jugadores haciendo el 'Bird Box challenge' sobre el césped del Stadion Graz-Liebenau. Ahí, en las profundidades de las coníferas austriacas, el Tri abrochó 2020 con augurios de bienaventuranzas, alimentados por Raúl Jiménez e Hirving Lozano, autores de la noche. 2021 entregará pruebas aún más complejas para el escuadrón de Martino.

La fase de reconocimiento mutuo terminó con el vuelo intergaláctico de Ochoa para interceptar el misil de Haraguchi. 'Los Samuráis' desplegaron formación militar 'hoshi', con Haraguchi y Shibasaki como cabezas de flecha. El tándem permutó a Carlos Rodríguez y Luis Romo en terruños 'aztecas'. Entonces, Haraguchi emboscó a Jorge Sánchez y el disparo de Susuki fue repelido por los suneates de acero que protegían las espinillas de Ochoa. El subsiguiente katanazo de Ito sacó chispazos a los kotes del guardián imperial. Lo cierto es que la Selección apenas se asomó por los barrotes del Kempeitai durante casi media hora. Hasta que Orbelín Pineda encontró las llaves del calabozo. Mientras Ito y Kamada despuntaban como centinelas, México encontró respiro con el tempo de Pineda y las galopadas de Lozano, cuyo pase interno a la carrera terminó en un embrollo de Pizarro. La incursión samurái reculó.

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EXPA/ERWIN SCHERIAUEFE

La noche de Graz adquirió un espeso color invernal cuando Lozano, un tren bala, surcó entre los Alpes y Schmidt embolsó el impacto de Romo. Una densa bruma, como las que adornan los crudos inviernos de Nagano, presagió el cambio de ciclo y difuminó a los samuráis. Lozano cabalgó por la tundra y escapó a los radares de Sakai y Endo. Y, entonces, hizo suya la velada. 'Chucky' comandó al Tri con la batuta de Karl Böhm, insigne ciudadano de Graz, ante la Filarmónica de Viena. El testarazo de Jiménez, confundido por la niebla, fue un preludio. Orbelín dialogó con Raúl, escorados en el rincón izquierdo; el ariete desarmó a Yoshida y su sablazo ajustició a Schmidt, quien amenazó con seppuku la deshonra.

El partido se volvió invisible. Ligeramente tétrico. A tientas, Henry Martin advirtió que Lozano tenía una pradera por delante. 'Chucky' activó velocidad crucero, su estela dejó un pasillo entre la fosca, y también desenvainó la katana frente a Schmidt. La pelota fosforecente ofreció una mínima noción de la acción de juego. No importó que la noche austriaca corriera la cortina con antelación. El marcador pudo empatarse y nadie lo habría consignado. Nos quedaremos, de buena fe, con el parte oficial. A ciegas, el árbitro envió a los equipos al toque de queda. La Selección se ha ganado el ponche de naranja, canela y vino quemado.

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