Fuerza Regia
93
FIN
94
Capitanes CDMX

FUERZA REGIA 93-94 CAPITANES

Capitanes derrotó a Fuerza Regia en el Juego 2 de Final de la LNBP

Capitanes derrotó a Fuerza Regia en Final de la LNBP

Tomada de Twitter @FuerzaRegia

En un partido de infarto, los capitalinos vencieron 94-93 con polémica arbitral y un intercambio de triples y tiros libres sobre el final. La falta de Huertas sobre Mendoza, definitoria.

Monterrey (México)

Los Capitanes revivieron. Y lo hicieron en un aquelarre. Un partido demencial que no vio un ganador sino hasta el bocinazo, el chirriar que anuncia el final de una terapia a electroshocks. Los tiros libres de Rigoberto Mendoza empataron una serie que viajará a la Ciudad de México en alto voltaje.

En el primer capítulo, el partido tuvo la misma trama que en el inicio de la noche anterior: intercambio de metralla con Rivera y Romero como centinelas. Entonces, el triple de Girón trastocó el orgullo de los regios, y Fuller se encargó de resarcirlo con un danzón sobre Gutiérrez de espaldas al aro. El crossover de Toscano para hipnotizar a Girón abrochó el primer parcial (21-20).

Prosiguió un rosario de erratas del que Capitanes salió mejor librado gracias a la media distancia de Girón. La sequía le pudo a Fuerza Regia, que vio red una sola vez en cinco minutos, hasta la bandeja en reversa de Toscano. El segundo triple de Girón y una subsiguiente y exitosa visita a la línea de libres aliviaron a Capitanes, que obtuvieron su máxima ventaja de la serie, hasta ahora (25-32). El arcoíris de Gabriel Girón y la plegaria bajo el canasto de Machado abrieron una brecha que Huertas y Akindele cerraron con la simpleza de dos jumpers y dos viajes a la línea. Dos puntos en baloncesto es teoría de la relatividad aplicada en la vida real.

Akindele depositó después del manotazo de Gutiérrez para abrir la tercera manga. El taladrazo, con asistencia de Bejarano, confirmó nuestra teoría de la fugacidad de los dos puntos. La penetración de Romero, a pura artillería pesada, y la bandeja de Gutiérrez apoyaron el axioma. El signo del partido osciló como la aguja de un sismógrafo. Akindele, Romero, Machado, todos se inscribieron en el festín. Entonces, la fantasía de Gutiérrez encontró el resquicio trazado por la pantalla de Mendoza, quien facturó bajo el aro. Para entonces, los Capitanes perdían el porcentaje de campo (47%-53%) y, de nuevo, la potencia en la zona pintada (42-32). Relatividad, estamos.

Fuerza Regia padeció de incapacidad de defender los rompimientos en pérdida. Hasta entonces, Capitanes había cosechado 25 puntos a partir de los extravíos. Síntoma y demuestra: Hernández y Oglive hicieron válidas las dádivas de Toscano y Fuller y dibujaron el máximo de los capitalinos (59-67). Pero en la duela el único absoluto que prima es el de la relatividad, que aplicó cuando Glynn birló una falta a Hernández y Rivera trazó la parábola desde la esquina derecha para inaugurar un nuevo e insospechado partido. “La Fortaleza” fue el Volcán. Fuerza Regia recobró la ventaja por primera vez desde el primer cuarto, pero Rigoberto Mendoza, previo desahogo de Oglive desde la pintura, dibujó la cúpula del Monumento a la Revolución con un tiro cadencioso y explosivo.

El tesón de Oglive, coloso panameño, heredero de Rolando Blackman, cotizó altas las acciones de Capitanes. Los puntos cayeron a racimo en cuanto el canalero incursionó y Akindele abandonó la llave. A fuego mata y a fuego murió Fuerza Regia; Capitanes asestó el mismo golpe que recogió ayer: pegada de banquillo (36 puntos). La secuencia posterior fue demencial: del nervio de Ramón Díaz, liado en discusión con la mesa central, la flotadora de Glynn y el esperpéntico debate a grito pelado entre el juez Campbell y medio Monterrey por juzgar como ilegal un robo en salto de Akindele. Los improperios de Olmos resonaron hasta España.

Al partido lo poseyó la insania acto seguido. Daniel Bejarano impactó el misil desde el rincón derecho y la Fortaleza volvió a entrar en ictus. 12 segundos en el cronómetro. 90-89. Jorge Gutiérrez corrigió desde el paredón y Glynn replicó con otro bombazo escorado en la esquina opuesta. Volcánico, demencial. Dos segundos por delante. No, aún no. Esto es baloncesto. Una irrisoria marcación arbitral de Huertas ante un saque lateral en acción tiro hacia atrás de Mendoza desató otro quilombo y arrastró a Rigoberto de nuevo a la línea, donde ahora sí ajustició, con tres tiros en la bolsa. 93-94. Respiro. Las pulsaciones al mil. Surrealismo hecho baloncesto. ¿Fue infracción? El debate encendió a la Fortaleza.

El Juan de la Barrera entrará en acción, quizá aún con más demencia. La final tiene historia larga por delante.