México 0-1 Chile

Nicolás Castillo deprime al Tri y revive a los fantasmas de Santa Clara

Nico Castillo deprime al Tri y revive los fantasmas de Santa Clara

Osvaldo Aguilar

Mexsport

Con un gol del exjugador de los Pumas en los minutos finales, Chile triunfó sobre la Selección Mexicana en el Estadio Corregidora de Querétaro. Lozano fue coreado y Hugo González salió lesionado.

Querétaro Actualizado:

La Selección Mexicana no encontró expiación en La Corregidora. Nicolás Castillo, en rebote con infortunio incluido, desató a los espectros de Santa Clara, los que tanto había rehuido el Tri en los días previos. Si el partido no fue una revancha, ni siquiera sirvió como terapia al diván. La renovada Selección del 'Tuca' ni siquiera obtuvo redención.

El cántico, en clave 'Seven Nation Army', en honor a Hirving Lozano, descorchó el encuentro. Muy pronto, 'Chucky' retribuyó el fervor. Es todo vértigo, cabalga a pistolazos y Roco y Maripán ni le vieron el polvo. Cortés esquivó la primera cuchillada, que desgarró las costuras de la red externa. La declaración de intenciones, con 'Chucky' y 'Tecatito' sin límite de velocidad, envalentonó y descobijó a Chile. Mientras Alexis y Sagal invadían los terruños de González cada que la pelota reposaba en él, Lozano y Corona pidieron pista por sus carriles. La triquiñuela de 'Tecatito', un acto de ilusionismo como un zapateado jarocho, engañó a Parot y a la afición congregada en La Corregidora; el gol como una 'Fake News'. 'La Roja', rebajada en un sutil anaranjado, pidió derecho de réplica: Vidal rompió filas e Isla, de excursión en latitudes ajenas, llegó con apuro a la cita que le había marcado el todocampista del Barcelona. Acto seguido, Marco Fabián relució pase de muleta sobre Parot y Cortés desenterró la mina terrestre.

Sin diques de contención, con Güemez y Medel ahogados por el oleaje, el partido se convirtió en una bellísima puesta de escena. Dos equipos tan desprendidos como livianos, tan eléctricos como torrenciales. En plena vorágine, el misil sin objetivo fijo de Fabián antecedió al verso más enternecedor del primer acto: la asistencia con desdén de Alexis, disparo bajo de Junior Fernandes y la zambullida heroica de Hugo González, manotazo divino sobre el césped para desactivar la mina explosiva. El entreacto llegó como lo hace una buena obra de teatro, entre aplausos.

El segundo capítulo abrió con el centro de Corona y el cabezazo amenazante de Raul Jimenez. La Corregidora hizo resonar su voz cuando bramó, no con razón, que Maripán había derribado a Lozano en zona ilegal. Cierto fue que el Tri, sin Fabián y Corona, perdió color y Rueda ordenó un bombardeo con Alexis Sánchez como comandante en jefe. El atacante del United, en maniobra que aún no ha presentado en el Teatro de los Sueños, trazó desde el extremo izquierdo, acosado por Reyes y la línea de fondo, y Sagal, como Salas sobre Maldini en Burdeos, dominó los cielos queretanos. Pero González no es Pagliuca. En cambio, encarnó a Guillermo Ochoa en Fortaleza: manotazo demencial para hacer rendir a la pelota fuera del campo y a la tribuna a sus pies. O sus palmas.

México vs Chile

En control chileno, Jürgen Damm encabezó un fatuo intento de rebelión. Con su velocidad de sonido, quemó a Díaz y Roco, pero las turbinas se le averiaron cuando Cortés estuvo a su merced. El estruendoso lamento de la feligresía queretana fue directamente proporcial a la tensión acumulada de 70 minutos de magreo sin beso. Y el vacío pudo ser peor si el gol de Paulo Díaz, izquierdazo fugaz entre un mar de piernas, hubiese figurado en el marcador.

Cuando el partido parecía terminar en pacto de paz, Alexis mató la pelota sobre la línea frontal mexicana con la pierna derecha, Castillo impactó sin remordimientos, González volvió a atajar, pero otorgó una segunda oportunidad a 'Nico'. La brutal colisión entre dos voluntades contrapuestas escupió la pelota hacia las redes. El estadio en silencio, una congregación chilena en el córner izquierdo, como el gol con sello a una Copa del Mundo, y las lágrimas de González. El portero del Necaxa abandonó el partido con el brazo derecho inmovilizado y el futuro a cuesta. Cobijado por la afición (algún sector de las tribunas entonó 'Volpi, Volpi', sabrán ellos con qué intención), González simbolizó la depresión del Tricolor en los minutos finales. Querétaro no expió los fantasmas del 7-0.

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