Un día para calibrar un proyecto

Todo son prisas en el fútbol. Y Bilbao no permanece ajeno a ese vendaval de urgencias en estos tiempos en los que la riada de dinero de las televisiones le va relegando a un plano más modesto en ese fútbol vasco en el que ha ejercido el caudillaje durante décadas. Todos quieren que Williams sea ya el nuevo Aduriz, Unai Simón la reencarnación de Kepa, Nolaskoain se vista del emperador Laporte... y Berizzo lance tics de Bielsa. Pero conviene tener paciencia. Al ‘Loco’ le llevó dos meses enganchar con lo que quería. Cambió todo el modelo de trabajo en Lezama y su método no era una partitura que sonaba sólo con el zumbido del viento y un par de teclazos al tuntún. De saque, el Toto ha mandado a muchas vacas sagradas a la grada y se ha mantenido firme en un estilo valiente que encandila.

Las primeras líneas del libro que trata de escribir en Bilbao, no obstante, no han sido muy alentadoras. Un gol en tiempo de descuento ante el Leganés y un empate por echarse atrás ante un recién ascendido como el Huesca para proteger un 2-0 son un pobre balance, que sucede a una pretemporada con claros y oscuros ante rivales de medio pelo. Se echó en falta un enemigo con colmillo, como el Liverpool el año pasado, para que Ziganda comprobase qué tenía en su laboratorio. El Madrid siempre ha encendido Bilbao, una ciudad que, pese a todo, echará de menos a Cristiano e Iniesta. Dos futbolistas mayúsculos a los que se pitaba. No se hace con los mediocres, solo con los que se teme por su garras de estrella. A la hora de calibrar un proyecto con tantas esperanzas depositadas, ¿qué mejor que el Madrid?

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