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El tercer tiempo

El álbum

Ha vuelto el álbum a mi vida. De chico coleccionaba los cromos. Y ahora es un niño el que lo ha traído a casa. Recuerdo de aquel álbum que alimentó de futuro mi infancia de radio y de colores azulgrana la foto de Chus Herrera, descendiente de grandes, un jugador del Madrid, mi adversario. Murió aquel futbolista, lo escuché en las noticias, y con mi bolígrafo de hacer redacciones le puse una orla en el álbum. Misteriosas reacciones de los niños atrayendo la solidaridad y el susto a un espíritu que aún no ha pervertido la pasión. Ahora el álbum lo ha traído Óliver.

La afición

El nieto se hizo aficionado para poder hablar con sus compañeros de recreo, imagino, porque hasta el Mundial de Rusia veía el fútbol como una interrupción adulta de sus juegos preferidos. En seguida se dio cuenta del poder que el fútbol tiene para hacer asociación en la plaza, en la calle, en el recreo, en la playa. Se hizo del Real Madrid, muy pronto, y vivió triste un momento la marcha de Cristiano, su ídolo nada más abrazar la fe que fue del abuelo, aunque destinada a otros colores. En seguida se hizo de Modric, "una buena persona", según él. Ahora no quiere creer las noticias, que son rumores. Julen Lopetegui dice que no se va.

El caso Neymar

Aceleró tanto su aprendizaje sobre los nombres del fútbol que el chico, 7 años, ya sabe qué pasó con el álbum y Neymar hace un año. Apareció el álbum con Neymar y Griezmann en portada, y LaLiga se jugó sin Neymar. Ahora está deseando colocar la foto de Modric en la alineación del Madrid para conjurar esa especie de maldición veraniega que se cierne sobre los grandes de España y sus futbolistas más queridos (y requeridos). Modric es un arquitrabe perfecto de un equipo que busca la perfección. El entrenador expresa un deseo, no se irá; lo mismo decía el Barça cuando se empezó a decir que Neymar huía con más dinero.

Los entrenamientos

Estos entrenamientos veraniegos que ahora llaman competiciones, vistos en España en la cuesta de las madrugadas, han servido para concretar una cosa que no está en los álbumes: no hay derecho a que exportemos fútbol en construcción a países en los que se trata de excitar la afición al fútbol. Al Real Madrid le sirvió de algo: reivindicar a Asensio como posibilidad. Al Barça le sirvió para poco, se descafeinó como le suele pasar en este vértice de preparación, y al Atlético le dio igual, francamente.

Fijos del futuro

Para entrenar no hay que viajar tan lejos, y para saber que Asensio es bueno basta ver los vídeos de cuando lo ponían y lo quitaban. Y para saber que o Benzema o Bale serán los fichajes más seguros del equipo blanco y del álbum no había que someter a los espectadores norteamericanos a pachangas sin rigor. Es como exponer a entrenadores serios, alguno demasiado serio o enfadado, a mostrar vergüenzas de juego ante un público internacional que pone más pasión que los futbolistas. Decepción para los adultos, mala ruina para los niños que van alimentando con ilusión su álbum. Cuando la cosa vaya en serio que avisen de nuevo.

El álbum de los otros

Deberían inventar el álbum de los otros deportes, alimentar aficiones que aligeren al fútbol de la responsabilidad de ser el imprescindible alimento de la conversación en los recreos y en las casas. Un día el baloncesto pudo vencer al fútbol, pero se quedó a la mitad exactamente. El tenis no ha logrado hacer caer al ahora ya no tan llamado deporte rey (que no lo es). Por ahí vienen otras especialidades. El bádminton, por ejemplo, donde Carolina Marín galopa como diosa mundial. Una combinación de esas aficiones haría más atractivos los álbumes, y más asequibles el fichaje de sus practicantes.