El poder de la grada de Mestalla

Hace unas semanas se cumplieron 20 años de la dimisión de Paco Roig como presidente del Valencia CF SAD. Él, que era máximo accionista del club en aquellas fechas, se fue después de que Mestalla se lo pidiera a su manera, con un “Paco vete ya” que resonó por todo el estadio el 30 de noviembre de 1997 tras un partido contra el Salamanca. Dos décadas y unos cuántos máximos accionistas después, el poder de Mestalla no solo sigue intacto, que se lo pregunten si no a Nuno Espíritu Santo o Layhoon Chan, sino que ha descubierto un nuevo fin. La grada, con sus cánticos, ya no solo sentencia entrenadores y/o presidentes como antaño y en cualquier sitio; Mestalla ahora también fija o cambia el precio de las entradas para un partido.

Anil Murthy y Kim Koh rectificaron por petición y presión popular, lo cual es tanto de reconocer como síntoma de temores. El Valencia informó de una rebaja del 50% (respecto a los precios fijados el viernes) para los abonados que saquen la entrada sin saber el resultado de la ida. Entienden así los dirigentes que premian esa “fidelidad”, cuando es precisamente a esa fidelidad de sus abonados a la que se le falló desde el club con la primera tarifa.