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El mejor portero de la historia del Barça y su último verso (libre, claro)

El mejor portero de la historia del Barça y su último verso (libre, claro)

Un tipo diferente. No me pidan ser objetivo con Víctor Valdés. No podría. Él no lo fue nunca con nadie, pero a mí me gustan los raros. Sé que lo que viene a continuación no le va a gustar. Víctor prefirió pasar siempre desapercibido. Currar en el campo y luego a casa. Hacer su vida. Con los suyos. Su familia, su guitarra, su moto (¿ahora ya puede decirse, no?) sus amigos. Pero es difícil ser diferente cuando eres tan bueno. No se puede pedir pasar desapercibido cuando has sido/eres el mejor portero de la historia del Barça. Pero diferente, adorablemente raro en este mundo. Tan alejado de lo que se supone que debe ser un ídolo que decidió irse como quiso del mejor Barça de la historia. Un Barça, que sin él, no hubiera existido jamás.

Chico para todo. Repasando los vídeos cualquiera llegaría a la conclusión que estamos ante un porterazo descomunal. Un tipo capaz de mejorar temporada a temporada. Cada año, en base a su brutal capacidad de trabajo hacía algo que no sabía hacer el curso anterior. O lo mejoraba. Cada año más fuerte, más técnico, más líder. Eso se veía desde la tele. Lo que quedaba entre bambalinas era su capacidad de influir en el vestuario, de liderar, de animar las cenas con sus imitaciones y de sentir los colores como nadie. De ganar tres Champions. Pero lo mejor fue su capacidad de hacer mutis sin deberle nada a nadie. Lo dio todo. Fue honesto como el que más y no le entendieron. Incluso algunos hablaron de dinero. Ignorantes.

Otra vida. Víctor saltó del Barça sin red ni paracaídas. Y se pegó un costalazo de padre y muy señor mío. De ser el portero del mejor equipo del mundo a ser un pasajero en un tranvía en una ciudad de provincias de Alemania en busca de una cura. Mirando que no le empujaran en el vagón camino a la clínica. Solo. El que paraba e iniciaba el juego del mejor equipo de su época pasó a ser un ser anónimo que buscó, a su manera y sin ayuda de nadie, un nuevo inicio.

Renacer. Regresó desde abajo. Jugó en los embarrados campos belgas ganando la copa con el Standard de Lieja. Luis Martín explicaba en la SER que durante un partido un rival le reconoció y le dijo: “¿Pero que haces tú aquí?”. “Esperando a que saquen un córner”, fue la respuesta. Jugó con los reservas del United tras volver a cruzarse con Van Gaal y se batió el cobre con el Boro. Ayer, fiel a su estilo, borró sus perfiles de las Redes y dijo “Gracias por todo”. Gracias a usted, señor Valdés.

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