Azul oscuro casi blanco

Azul oscuro casi blanco

Azul no es un color. Es una actitud. Una forma de vida. Rebelde y ensortijada, como el pelo de Milla. Una bocanada de aire fresco embotellado en un zapatazo de apellido ilustre para gritar enrabietado al tormentoso cielo del Bernabéu en un festejo infinito. Cielo azul, por supuesto. Azul como el Olimpo que acarició el Cata y el beso de su balón al larguero tras un cañonazo de testa que provocó el temor de un universo de galácticos acongojados ante un color. Azul. Azul esperanza. Azul espectáculo. Azul alegría. Azul, todo azul hasta que Bale destiñó el sueño.

Borja cabeceó su virguería zocata y la luz se apagó. El mundo del modesto se tornó negro en una paradoja cósmica. Suyo fue el fútbol que suele colorear de magia el Bernabéu. Hasta eso le robó anoche al Madrid. Porque este martes el Fuenlabrada parecía el Madrid. E iba de azul oscuro. Casi blanco.

 

 

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