Torres, como tantas otras veces

Torres, como tantas otras veces

México

Sobrevolaba el recuerdo de Luis Aragonés. Tres años se cumplían desde que se fue y cada bufanda al tercer anfiteatro le buscaba: cuántas veces empujó desde allá. Llenaba el aire el “ale, ale, aleeee” para dejar atrás Vitoria, y al hombre que a la salida del metro tocaba Metallica mientras una mujer compraba una bufanda. “1 de febrero 2017. Atleti-Barça. Semifinal”, se lee. El balón rueda, papeles blancos vuelan, piel de gallina.

Seis minutos después Suárez hace un gol, pero el Calderón responde alzando voz y mentón. Igual con Messi. Tenía un secreto: Torres. Salió y volcó el partido. Salió y Grizi encontró el gol. El Niño lo celebró tocándose el escudo: es la mano en el hombro de un padre, el “tranquilo, yo estoy aquí”. Lástima que saliera 45 minutos tarde. Pero queda el Camp Nou. Y Torres ya sabe qué es ponerlo a sus pies. Volvió por sueños como ese a 90 minutos.

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