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ENTREVISTA - MEXICANOS POR EL MUNDO

El día que Javier Martínez visitó Argelia: "No he visto nada igual"

Javier Martínez, único entrenador mexicano en dirigir en la Champions League de África, enfrentó una eliminatoria del torneo ante un club argelino: "Fue una escena impresionante".

Ciudad de México
El día que Javier Martínez visitó Argelia: "No he visto nada igual"
@bamulanzeki

Javier Martínez nunca olvidará la noche del 14 de diciembre de 2018. El equipo que tenía a su comando, el Vipsers SC, de Uganda, estaba citado en el Estadio Mohamed Hamlaoui, en Constantina, Argelia, para enfrentar el primer capítulo de la eliminatoria previa a la fase de grupos de la CAF Champions League. El ambiente era un polvorín. El partido no era una guerra, pero eso parecía. "Los argelinos viven para el fútbol. Ni siquiera habíamos viajado y yo ya recibía mensajes de los aficionados del Constantine. Investigaron mi número telefónico, mis redes sociales. Se empezaron a involucrar desde mucho antes", recuerda Martínez, primer director técnico mexicano en el timón de un club de la Champions League africana, en entrevista con AS.

"Cuando íbamos en el traslado del hotel al estadio, nos acompañaron tres camiones de comandos 'SWAT' y la policía. Eran 10 autobuses, seis iban adelante de nosotros y cuatro, atrás. En África te abren el camino desde una hora antes, pero ese día las barras nos frenaron. La policía bajó de sus vehículos y encañonaron a los aficionados. Fue una escena impresionante", relata quien, de la mano del fútbol, ha atestiguado las bondades, las vejaciones y las dicotomías de África: la calidez de sus pueblos y la represión de sus gobiernos. La pasión por la pelota, las cicatrices del pasado.

El recinto era una caldera. Las bengalas rojas. Los gritos que se multiplicaban por miles. "No había visto nada igual. El estadio no se llenó porque las localidades estaban muy caras, pero el ruido que hicieron los aficionados esa noche no lo había escuchado en ninguna parte", aún se estremece Martínez. Constantine venció 1-0 gracias al tiro ligeramente bombeado de Beldjilali, al 14'. La pelota venció, en vuelo a media altura, la fútil resistencia del guardameta ugandés. En el cotejo de vuelta, en St. Mary's Stadium, la escuadra verde duplicó la dosis (0-2). El Vipers SC perdió el bono de un millón de dólares que entrega la CAF a los participantes de la fase grupal de la Champions League. El episodio colmó la (escasa) paciencia de la directiva. "Daban por hecho que ya tenían el premio, pero no teníamos un equipo tan competitivo como el Constantine", explica Martínez. "Estábamos debilitados. Viajamos sin tres jugadores: a dos no les dieron la visa y otro estaba lesionado. En el gol se lesionó el portero, que era mi segunda opción. Tuve que jugar con el tercer arquero. Fue un escenario complicado, pero fue más difícil el proceder de la directiva. Prefirieron las condiciones económicas a las deportivas. Ahí vino la separación", continúa el entrenador mexicano. Aquel viaje a Argelia selló su destino en Uganda.

Con 48 años de edad, Javier Martínez, exfutbolista, tiene toda una carrera por delante. Después de la experiencia en 'la Perla de África' se mudó a Ruanda, la adolorida y pujante Ruanda del genocidio. Antes de todo, inició sus andanzas en el proyecto de Alto Rendimiento del Pachuca, recaló en las fuerzas básicas de Cruz Azul (Sub 13, Sub 17 y Sub 20) y se integró al staff técnico de la Selección Nacional del Ejército Mexicano. En 2016, llegó su primera oportunidad en Primera División. Guatemala le abrió las puertas. "Había viajado antes y aproveché para entregar curriculums en todas partes. Cuatro-cinco años después me llamaron. Fue muy difícil. Nunca he tenido un representante. Me contrató el Charchá y ahí estuve cuatro meses en una temporada complicada", rememora. Al año siguiente, la brújula puso rumbo a Nicaragua. Juventus Managua, club de Primera División, requirió sus servicios, aunque la relación de Martínez con la dirigencia no fue la más fructífera: "Nos fue muy bien en cuanto a resultados y funcionamiento, pero la inexperiencia de la directiva hizo que termináramos la relación prematuramente".

"En Uganda hay mucha represión"

Martínez aterrizó en Uganda en 2018 y colocó al Vipers como uno de los equipos más poderosos de la competición local. De hecho, en liga no perdió un solo cotejo durante su gestión e, incluso, fue condecorado como el 'Coach del Mes' en octubre de aquel año. El mexicano disfrutó de su estadía en el país, pero le sorprendió el férreo control político que el régimen de Yoweri Museveni ejerce sobre la población; un guiño macabro a las dictaduras ídem de Milton Obote e Idi Amín. "Se sigue oprimiendo a la gente que no esté de acuerdo con el gobierno. Es algo que lo seguimos viendo en estos días en el centro de la ciudad (Kampala, la capital). La represión es inmediata siempre que hay una manifestación", denuncia. El estratega presenció dos eventos puntuales: "Una vez íbamos a llegar tarde a un partido. Llamaron a la policía para que nos abriera paso. En la calle había una manifestación. Cuando pasamos nos dimos cuenta de cómo le pegaban a la gente con las macanas, sin importar si eran niños, señoras, jóvenes. En otra ocasión pasó algo similar y la policía disparó al aire. A veces pienso que tengo suerte de que no me pase nada. Me da mucha pena cuando veo ese tipo de cosas porque no puedo opinar estando allá como extranjero", narra Martínez.

"En Ruanda, tras el genocidio, vino un cambio impresionante"

El entrenador firmó contrato con el Rayon Sports Club, de Ruanda, el 21 de septiembre de 2019. 'Les Bleus' son la segunda institución más ganadora del país y, de hecho, tenían la encomienda de refrendar el campeonato de la temporada 2018-2019. Martínez gozó de una buena racha inicial (31 unidades en 15 partidos; ocupaban el tercer sitio de la tabla general, un punto por debajo del sublíder), pero una derrota 2-0 en el Clásico nacional frente a la Armada Patriótica Ruandesa, equipo adscrito a la milicia, precipitó su despido. El club estaba inmerso en plena revolución; los jugadores aquejaban impagos y la directiva había sido renovada. Martínez pagó el derecho de piso. "El proyecto venía bien, pero hubo mucha desorganización después. Además ya venía la pandemia", asegura. Salió a tiempo de Ruanda para volver a México y se instaló en Hidalgo, donde ha vivido en cuarentena: "Fue lo mejor que pude haber hecho. Estando allá no me hubieran protegido como aquí".

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Las profundas heridas que dejó el atroz genocidio tutsi de 1994 sanan poco a poco en Ruanda, detalla Martínez. El país ha aprendido a perdonarse y ha optado por mirar a un futuro de esplendor. Un porvenir señalado, eso sí, con el índice de hierro de Paul Kagame, líder máximo de una nación a la que tampoco ha llegado la democracia. "Vino un cambio impresionante. Ahora, Ruanda es muy atractivo para los inversores. Kigali (la capital) es una ciudad muy bonita, muy limpia, muy organizada. Los cataríes están llevando mucho dinero a Ruanda porque todo lo que le avientes a esa tierra, como ellos dicen, se va a dar", cuenta. "En la calle todavía hay gente que fue macheteada en el genocidio. Son sobrevivientes. Vivieron una etapa muy triste. Sufrieron mucho con ello y ahora son un país muy amigable con el extranjero", añade el entrenador.

Candidato a dirigir una selección africana

Hace unos meses, la Federación de Malawi se acercó a Javier Martínez. "No llegamos a un acuerdo por una cuestión de idiomas. En Malawi hay dialectos para los cuales necesitaba traductor y no lo propusieron. A veces te contratan como director técnico y te imponen al preparador físico y al auxiliar; son cosas que pasan en África normalmente", explica. Martínez prefiere no apresurar el paso. Todo a su tiempo. "Creo que todavía no estoy preparado para una selección nacional. Pero sí estoy listo para tener un equipo grande, de jerarquía, que tenga posibilidades de ser campeón. Después de eso, iremos paso a paso con base en las oportunidades que vengan saliendo", confía.

Mientras tanto, Javier Martínez aguarda por noticias. Uno de sus objetivos es ocupar un timón en el fútbol mexicano, pero es consciente de la dificultad que ello implica, dado que su carrera se ha desarrollado fuera de las fronteras nacionales. "No te puedo negar que tengo más cartel en África que en México. Todo dependerá de lo que pase el siguiente año. O me consolido allá, o regreso. Quiero ganarme el nombre. Cuando surja la oportunidad, no la voy a dudar. La quiero. La deseo", se sincera. "Pero, por el momento, me parece que hay más oportunidades afuera", abona. La intención de Martínez es cerrar 2020 con una plantilla a su cargo. Clubes de Vietnam, Kosovo e India ya le han manifestado su interés. El sueño mexicano permanece y siempre le quedará África, también. En Uganda y en Ruanda, Javier no tuvo a su familia a su lado. La mudanza para ellos (su esposa, Blanca Estela; y sus hijos, Javier y Jonathan) fue imposible. La elección del próximo destino estará basada en el factor familiar: "Mucha gente piensa que cuando uno sale al extranjero todo es bonito. Y sí, lo es. Pero las responsabilidades son muy grandes. Ya sé trabajar con eso cuando me voy solo, pero llega un momento en el que necesitas ver a la familia. Por eso espero que se dé la oportunidad en México".