Enrique Martínez

Ricardo Lavolpe es el pensador socrático de la Liga MX

“…Para, corrige, grita y vuelta a empezar. Una y otra vez. Cientos de veces hasta que sus tres defensores hagan de novios durante 30 minutos. Ellos y la pelota”. Josep Guardiola

Sócrates fue capaz de formar una escuela, transformador de la filosofía griega en un proyecto que fue único y continuo; generaba discusiones a lo largo de la Atenas tratando de determinar si alguien tenía alguna idea de lo que hablaba especialmente cuando se trataba de la justicia, la belleza o la verdad.

Ricardo Lavolpe, es el pensador socrático de la Liga MX. Capaz de crear su propia escuela, Lavolpe generaba las más grandes polémicas con sus dichos sobre el futbol, la táctica y la estrategia. Formador de cepa, un hombre capaz de ser duro con la generación de futbolistas de calidad y a la vez, exprimir su talento hasta llevarlo al extremo; los hace pensar, imaginar y atreverse hasta convertirlos en los imprescindibles del futbol mexicano.

Fundó su escuela “lavolpista” al llegar al Atlante en 1991. Una generación de futbolistas se ligó al futbol, gracias a los conceptos “socráticos” que Ricardo impartía sobre el futbol. Hombres como Daniel Guzmán, José Guadalupe Cruz, Wilson Graniolatti, Raúl Gutiérrez y Miguel Herrera, se graduaban con los altos honores lavolpistas, que los llevaría a dar catedra de los conceptos especiales que caracterizaban al argentino.

Para 1997, Ricardo recogía la cosecha sembrada su paisano Bielsa, y llego al Atlas para practicar un fútbol rápido y vistoso, no solo para los ojos de los aficionados rojinegros, sino para todos aquellos que disfrutaban el deporte como tal. La final del Verano de 1999, fue el cenit de un equipo que trazaba los más grandes conceptos de la filosofía lavolpista, todos con una idea clara del futbol que deberían practicar y con la sinergia necesaria para llegar a los objetivos.

El parado táctico, el oficio ofensivo, el sacrificio, el orden y la generación de jugadores jóvenes sigue siendo el máximo logro de la filosofía que Ricardo imparte. Para el argentino, el futbol es algo más que actitud, talento y “huevos”. El futbol tiene que ver con una partida de ajedrez, que requiere de un estudio constante, repetición de jugadas estadística y un poco de “xilocaína” para vacunar al rival: rápido, sagaz y efectivo. Amante de la perfección, para Lavolpe no basta con repetir las jugadas hasta que salgan, se trata de razonarlas, entenderlas y ejecutarlas.

Es un amante de la ofensiva y el futbol. Es incapaz de ganar las guerras, pues solo cuenta con dos títulos en su larga carrera; lo de él, siempre fueron las batallas, las ideas, las jugadas vistosas que van acompañadas del espectáculo; se trata de una ejecución de la pasión con la preparación, pero con la precisión que exige un jaque mate al rey. No por algo, Guardiola, un obsesivo de la táctica, quedo maravillado con la salida de juego que Ricardo ejecuto durante su estancia en la selección.

Anuncio su retiro como Director Técnico, porque los nuevos tiempos exigen generaciones de entrenadores con ideas innovadoras; las bases formativas están extintas y las escuelas requieren de filosofías que les permita cuestionar la simpleza de un juego a nivel profesional, que los invite a atreverse, marcar diferencia y entender que, para triunfar en el futbol, no basta con saber mover el balón.

No vislumbro a Ricardo Antonio, en otro lugar que no sea la Dirección Deportiva o la formación de jugadores. Si Lavolpe quiere, puede innovar en la creación de “camadas” de noveles futbolistas, que crezcan con una educación formativa que perdure a lo largo de los años, con los mismos conceptos que hicieron a jugadores como Pavel Pardo, Rafael Márquez y Andrés Guardado, más allá de simples soldados en cualquier campo de batalla.

El legado de Lavolpe en la Liga Mexicana, sobrepasa las estadísticas que encantan a sus más fervientes críticos; sus números y efectividad como entrenador, junto a su carácter, son sus talones de Aquiles. Ricardo es dueño de su verdad, de sus ideas y su filosofía meditabunda. La que enamoro a más de uno, y que, si él lo desea, puede trascender a lo largo de los años.

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