Georgina González

Levántese señora!

Las mujeres están cambiando y los hombres no saben qué hacer”, tal cual lo expresa Julieta Venegas en su rola Mujeres, es lo que yo observo en el medio que me rodea y al que en muchas ocasiones rodeo.

El movimiento pro equidad de género no es nuevo, pero es obvio que no ha podido ser lo efectivo que se requiere, que merece, que urge.

La resistencia del machismo a ser eliminado, ha sido muy fuerte, es obvio que no quieren, no están dispuestos a ceder ni compartir su lugar de privilegios, ese que los nombró los reyes y herederos del poder, desde un trono, una iglesia, el derecho a la educación, un gobierno, un trabajo, un hogar, un micrófono, un mundo.

Es tan obvio que en esa inercia de mantener el estereotipo sexista de que la mujer debe ser grácil, dócil, frágil, un ornato amable, cuyos poderes son convencer a base de la seducción, que la actualidad presente el movimiento feminista como una manifestación, sonora, firme, fuerte y formal, los tiene desconcertados. Todos aquellos que encontraron un supuesto equilibrio cultural, bajo aquellas premisas de, yo respeto a las mujeres, con simuladas acciones, como incluirlas, pero nunca darles el control, como ¨dejar de piropearlas¨ en persona pero dándose vuelo en los chats de los cuates con vulgaridad y sexismo, hoy no saben qué hacer y han optado por reforzar esa resistencia con frases como ¨feminazis¨ sin caer en cuenta que cada que la pronuncian, solo están alejándose de la inclusión y acercándose a la violencia. Que ante el desconcierto de la fuerza, la ira, el hartazgo con que las mujeres se están yendo de pinta, una pinta en la que la justicia por la violencia hacia nosotras nomas no pinta, no han atinado a otra cosa que tacharlas de vándalas, violentas, agresivas. Han desconocido la empatía por completo. Irónico porque la reacción de un hombre si le matan violan golpean o desaparecen a una hija, esposa, hermana o madre, seguro no se aplacaría con rociar spray violeta a un monumento. Pero a las mujeres no les pueden conceder la ira, la fuerza, el enojo, el hartazgo, en pocas palabras, la mujer no puede verse fea, fuerte y formal.

Vivimos tiempos muy violentos, en la calle, en la casa, en el tráfico, en las redes, ya no parecen ser los tiempos del gracias y el por favor, ni de la otra mejilla, hoy la cachetada no es con guante blanco sino con spray violeta. Por generaciones el hombre estaba cómodo con la actitud de agradecimiento femenino por el espacio, la oportunidad, se aplicaba el doble, pagaba el derecho de piso para pertenecer y permanecer, pero no sirvió de mucho, solo para que ellos se sintieran incluyentes sin serlo.

En los medios deportivos la información del deporte femenil es solo de un 4% y las palabras con que se relaciona son, belleza, figura, peso, edad, estado civil. Las mujeres en espacios deportivos, ni cerca de ser quienes deciden, ni narran, ni analizan el deporte varonil, las mujeres ocupan más espacio, en transmisiones de deporte femenil y ojo siempre con un hombre como guía. El micrófono guía, solemos llamarle nosotras. Ellos abren y cierran transmisión, porque a su vez el productor es un el y arriba hay otro el. Las mujeres participan en los espacios con secciones, reportajes de color, pero la narración, el análisis la guía recae en un 96% en hombres. El deporte sigue siendo pensado para hombres, como protagonistas, como patrocinadores, como consumidores. La inercia no logra romperse.

Y creo con profunda tristeza, que el movimiento #9nadiesemueve, en deportes, puede que el mensaje no impacte. Puesto que sin mujeres en espacios y procesos de medios deportivos, es justamente el esquema aquel que el hombre se ha resistido a compartir. Nadie va a extrañar la narración de una mujer, por que no narramos, ni el análisis, por que no lo hacemos, ni el debate. Decir que se extraña una cara linda es confirmar el tema. Aun así debemos ser parte.

¿Impactará todo esto en el deporte? Ya impactó el #meToo lo hizo, las denuncias en medios les han prendido las alertas a muchos, medios, federaciones, entrenadores, patrocinadores, equipos, están preocupados, pero necesitamos que estén ocupados en cambiar culturalmente.

Tal cual, las mujeres están cambiando y los hombres no saben qué hacer, no hay otra, deben cambiar, deben aceptar las reglas nuevas. Germán Dehesa escribió un memorable texto titulado ¨Magnolias de acero¨ no se los voy a poner tal cual ni tan fácil, si algún hombre me está haciendo el honor de leerme, búsquelo, léalo, en el avisa que la gran novedad de la época era la fuerza con que las mujeres veníamos avanzando, en plan muy pelado, escribió, con aquel don de la expresión de nuestro folclore, que a los hombres correspondía pactar con la mujer una rendición honrosa, lo escribió hace doce años, Germán murió hace diez y se está cumpliendo lo advertido. Coincido con él, en que es una canallada que lo único que está mostrando el hombre es lo amenazado y temeroso que se siente frente a la forma en que la mujer ha decidido asumir su libertad. Que solo se les ocurra sorrajar el ¨ya siéntese señora¨ para cancelarlo todo.

Ante mayor resistencia, mayor insistencia, esto no se va a detener, la determinación de las mujeres en este momento es alentadora en todos sentidos, lástima que muchos hombres no lo puedan o quieran ver. Esa rendición honrosa debe darse, y será honrosa por que en estas nuevas reglas vamos a salir ganando todos, todos aquellos que acompañan el derecho de la mujer a no quedarse ahí sentada, sin hablar, sin luchar sin crecer ella y hacer crecer a los demás.

Anímense a cambiar el ¨ya siéntese¨¨ por el ¨¡levántese señora, que no está sola!