Bienvenido, 2020

Ciudad de México

Empieza un nuevo año y, con él, toda la ilusión y las expectativas de lo que traerá. El optimismo de que será mejor que el anterior, los propósitos y los mejores deseos de que el futuro siempre será mejor que lo vivido.

El soñar es parte de la naturaleza humana, ya lo decía Aristóteles. Y el comienzo de un año es un parámetro muy tangible y real para el inicio de un nuevo sueño, de una nueva etapa.

El deporte es así, es cíclico. Tiene pautas muy marcadas, muy obvias, pero que no dejan de ser el inicio o final de una etapa. Es por eso que nos atrae tanto, está en nuestra naturaleza y en nuestro ADN.

El deporte, como la vida, siempre nos da la esperanza de que el futuro será mejor; siempre nos da oportunidad de empezar de nuevo, de replantearnos, re-inventarnos. Es un juego, como lo es la vida, y sin embargo lo tomamos tan en serio que se vuelve nuestra vida misma.

El deporte es infinito, lleno de oportunidades. Dentro de un esquema limitado por tiempo, espacio y reglas las posibilidades son múltiples y los sentimientos que genera son eternos. Y pase lo que pase, siempre habrá una nueva oportunidad, un nuevo comienzo.

Termina un año y comienza uno mejor. Es año olímpico y eso siempre pone un sazón especial a una espera de cuatro años para los aficionados y una preparación vitalicia para los atletas que, pase lo que pase en Tokio, tendrán un cierre y una nueva oportunidad de empezar, como la tendremos todos. Gracias, 2019; y bienvenido, 2020.