El futuro de la tauromaquia en México, ¿extinción o salvación?
Corrida de toros en la Monumental Plaza México

REPORTAJE | TOROS

El futuro de la tauromaquia en México, ¿extinción o salvación?

Andrés Manuel López Obrador anunció que la prohibición de la 'Fiesta Brava' en el país sería sometida a consulta. AS indagó las reacciones en los mundos taurino y anti-taurino.

Copito emerge furibundo hacia el ruedo. Apareció iracundo y raspó con los cuernos la madera mientras galopeaba paralelo a las barreras. Los novilleros y sus cuadrillas se refugian tras los burladeros. La lluvia cae pertinaz, fría, invisible; la lluvia de enero en octubre. Las gotas, regordetas, golpean con furia la arena y las gradas de piedra. El repiquetear de la lluvia rompe el silencio de una noche espesa en la Plaza México. Copito embiste con dulzura. Luego, con timidez. La saliva escurre de su lengua blanquísima y el dorso, embarnizado por la sangre, refleja las luces de la noche. El novillo es hermoso. Las espaldas le brillan; negro entrepelado, cornigordo, abrochado, tan elegante como indómito; esa dicotomía entre señorío y absoluta bestialidad; presenta majestad y cierta bravura apaciguada con una mansedumbre arrebatadora. La furia con la que irrumpió en la arena y golpeó los burladeros se evaporó cuando el banderillero clavó las banderillas en el lomo alto. Los arpones cuelgan carne y la sangre brota a lágrimas.

Los novilleros no logran encandilar a la concurrencia. El parte de las agencias de prensa reporta más de mil asistentes, pero una estimación sin mayor precisión estadística no aprecia más de 800 devotos. El flamenco new age, fondo de cuerdas con percusión de sintetizador, sonoriza la bienvenida y el olor de los tacos de carnitas se funde con el aroma a tierra mojada. El vapor que desprende el pavimento de la asfixiante ciudad se conjura en el túnel que guía a los tendidos de sol; un pasadizo en penumbra, ni un alma se detiene en las barras que venden brandy

La Plaza México se encapsula en sí misma. El caos de la gran capital queda insonorizado por las butacas de cemento. Cerveza, brandy, palomitas, papas fritas, puros, cigarros sueltos, sopas instantáneas, churros rellenos, merengues y gaznates. Los mercaderes saltan de fila en fila y caminan de puntas sin preocuparse por obstruir el campo visual del público. Cuando Copito, que ahora embiste muy bajo, los cuernos que levantan el polvillo, comienza a desfallecer, Rubén aparece ofrece maíz tostado con la bandeja por el frente y su espigada figura que se abre paso entre malabares y rodillas que reculan para facilitar su camino. “Tengo que mantener a mis mujeres, mi esposa, mis hijas, mi suegra y mis nietas”, recita, como estrategia de venta.

Las gotas caen más pesadas, más gruesas, mientras el cielo ennegrece. Acompaña el despeje de la plaza el repiquetear del pasodoble; las trompetas se asoman, radiantes, desde el palco de autoridad. Trombones, tubas y trompetas se entrelazan en escalas juguetonas y tonos menores que evocan cielos andaluces y tardes luminosas mientras los novilleros y su cuadrilla desfilan por el paseíllo. Y Copito brama. Brama cuando los subalternos lo maniatan mientras le arrojan el capote con fiereza, como apagaran un fuego a sabanazos. Brama cuando las pullas, bien clavadas en el lomo, le embadurnan el bellísimo pelaje negro de su propia sangre. Brama cuando no halla salida, cuando la noche ha caído antes que la faena. Brama cuando dobla las piernas, rodeado, sometido, vencido, herido de muerte; la lengua por fuera, lágrimas y sangre, una vida que se extingue bajo las luces y los trajes de luces. El puntillero aparece detrás del novillo. Clava el puñal en la cruz. La vida se escapa del novillo, que yace recostado sobre las huellas de su agonía, plasmadas en la tierra arañada. Y la sangre brota a lágrimas.

Despeje de plaza

El 4 de septiembre de 2019, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, aseguró durante su habitual conferencia matutina en Palacio Nacional que la prohibición de la tauromaquia en México debería someterse a una consulta ciudadana. “Son temas polémicos. Por eso, creo que hace falta la reforma al artículo 35 de la Constitución para que el ciudadano tenga esa posibilidad de decir ‘yo necesito que se consulte sobre este tema”. Y que el proceso debería estar enriquecido por argumentos reales para facilitar una adecuada toma de decisión: “Que se informe bien, y que haya polémica a favor, en contra; que haya debate en los medios”.

¿Arte o tortura? ¿Cultura o deporte? La discusión ha subido de voltaje en la era de la información. Actualmente, la tauromaquia, en cualquiera de sus presentaciones, se practica bajo legalidad en solo ocho países: España, Francia, Portugal, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y México. En algunos sitios donde había gozado de arraigo, la lidia de toros ha retrocedido ante la ofensiva legislativa y mediática de los colectivos pro-animalistas y un cambio de paradigma en las sociedades. Cataluña es un ejemplo prototípico. El 28 de julio de 2010, el Parlament catalán aprobó la abolición de las corridas de toros en una votación dividida: 68 a favor, 55 en contra y ocho abstenciones. La medida aplicaba a partir de 2012 y dejaba en la legalidad otras prácticas como el correbous (encierros callejeros, similares a las ‘pamplonadas’) y el bou embolat (dos bolas de fuego atadas a las astas del toro). Sin embargo, en 2016, el Tribunal Constitucional levantó la prohibición, al considerar que ley catalana invadía competencias del Estado español. Técnicamente, Cataluña podría acoger una corrida en cualquier momento, en tanto el litigio sigue en el limbo judicial.

El futuro de la tauromaquia trasciende las consultas de un día. Además de los flecos constitucionales que los actores políticos deben cerrar para considerar la consulta ciudadana como vinculatoria y dotada de cariz legal, las contemplaciones son extensas. Reforma publicó una encuesta en la que el 59% de una muestra de 500 personas se manifestó a favor de prohibir las corridas de toros en el país, en contra de un 31%. Para más inri del gremio taurino, 73% estimó que la tauromaquia es un acto de crueldad contra el animal. Más allá de escrutinios, los argumentos se suceden en una cascada de tópicos que van desde la mínima consciencia ética, hasta la derrama económica que genera la ‘Fiesta Brava’ a través de una inmensa cadena de producción que empieza en las ganaderías y termina en la confección de las banderillas, la venta de derechos televisivos y el transporte de los novillos a la plaza. AS recabó las voces clave de la trama, los personajes que están en el epicentro de un debate que ya no cabe ni en la Monumental Plaza México. 

Paseíllo

La tauromaquia en México es tan antigua como el país mismo. El primer registro del toreo como espectáculo data de 1526, como una reverencia a Hernán Cortés. Por esencia, la lidia de toros está ligada a las fiestas patronales, a la veneración de los santos. El culto a San Hipólito, en cuya festividad el ejército de Cortés consumó la conquista de la Gran Tenochtitlán (13 de agosto de 1521), creó un terreno fértil para que la población de la ‘Nueva España’ adoptara la tauromaquia como un símbolo de su nueva realidad. En su oficina de la Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos, muy taurina, atiborrada de libros, postales, cuadros, las paredes de rojo y oro, Francisco Doddoli, presidente del organismo, considera que la tauromaquia es mucho más que una puesta en escena: es un bien cultural que merece protección, reconocimiento y reverencia. “Nuestra fiesta no es ninguna moda, o algún juego inventado. Es resultado de la historia de México”.

Asociación Nacional de Matadores de Toros
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Asociación Nacional de Matadores de Toros

José Saborit, director de Tauromaquia Mexicana, una organización que aglutina los esfuerzos de toreos, empresarios y ganaderos que conforma uno de los más sólidos frentes pro-taurinos del país, ahonda en el arraigo social del que la ‘Fiesta Brava’ goza: “En la península de Yucatán, por ejemplo, hay 2,000 festejos anuales. No se percibe ninguna fiesta popular sin un festejo taurino”, diserta en sus oficinas de la Colonia Nápoles. Enrique Hernández Vázquez, experimentado periodista taurino, director de la plataforma digital Fiesta Brava y locutor radial del emblemático programa del mismo nombre en Grupo Acir, es un férreo defensor del patrimonio cultural del toreo mexicano: “La fiesta de toros es historia, es cultura, es tradición y arte”. Para Doddoli, la tauromaquia es un constituyente de identidad nacional: “No son bienes que han emergido de última hora, tienen casi cinco siglos”. Por ello, confía en que el contingente que ha formado Tauromaquia MX supondrá una potente defensa.

"Si generas empleos, tienes una cuestión cultural, de libertad, ecológica, de bienestar del animal, no puedes prohibir la fiesta de toros porque simplemente no te gusta"

José Saborit, director de Tauromaquia Mexicana

La industria taurina en México basa sus argumentos en cuatro puntos fundamentales: la tauromaquia como un ejercicio de libertades fundamentales; la cadena de valor y la derrama económica que genera; su preservación como bien cultural e identitario; y la defensa del toro de lidia como especie. En 2016, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sagarpa) publicó un extenso informe titulado “Caracterización y dimensionamiento del sector bovinos espectáculo en México”, supervisado por el Comité Nacional de Sistemas Producto Bovinos Espectáculo (CNSPBE). El reporte estimó que el valor anual global de la industria de la tauromaquia en México asciende a $5,541,040,491, misma que produjo, en 2015, $816,834,747 en impuestos. En el mismo año, 262 ganaderías estaban registradas en la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia. El precio promedio del toro bravo era de $47,090 y el del novillo, $27,500; lo que generó un aproximado de $124,314,680 de ingresos para las ganaderías. En 2015, el Estado con más ganaderías era Tlaxcala (37), hubo 504 festejos taurinos y 216 plazas estuvieron activas a lo largo y ancho del territorio nacional, menos en Sonora, Coahuila y Guerrero, donde la tauromaquia está prohibida por la ley estatal. En promedio, cada ganadería emplea a siete personas y cada peso invertido produce $12 con la venta de un ejemplar.

No obstante, las cifras encuentran resistencia en los cada vez más notorios y pujantes colectivos a favor de los derechos de los animales, que arguyen que la tortura del toro no puede ser considerada ni un deporte ni una actividad tolerable en una sociedad civilizada. Niegan la derrama económica y vaticinan que el declive es imparable, que el ánimo social ha dejado de cobijar la cultura taurina, y que las ganancias de la industria de la ‘Fiesta de Toros’ son ilegítimas. “Lo único que mantiene a las corridas de toros es la necedad de personas que quieren seguir manteniendo esto, que tienen la fuerza económica como para hacer corridas aunque estén perdiendo dinero. Ya no es negocio”, sentencia Gustavo Larios, presidente de la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales.

Tercio de varas

Para Álvaro Cedillo, director editorial de Prensa Animal, una plataforma que recopila y difunde información a favor de los derechos de los animales, la tauromaquia no suma para aliviar la turbulenta situación que vive nuestro país: “Hay mucha violencia, acarreadas por diversas circunstancias como el crimen organizado. Esto se suma a que las corridas de toros acarrean un alto grado de violencia”. Entrevistado en los balcones de mármol del Congreso de la Ciudad de México, donde participa en cabildeos a favor de leyes pro-animalistas, Cedillo refuta el argumento de que el valor de la tauromaquia resida en su antigüedad’: “Ni modo que sigamos sacando corazones en plena plaza del Zócalo, como hacían los Aztecas. O comer en el pozole partes humanas, porque es ‘parte de nuestra tradición’. La cultura y las tradiciones se transforman”.

La aproximación de Gustavo Larios es contundente. “No existe una argumentación lógica que sustente una tortura a los animales por espectáculo. Está superado desde hace muchos años en la mayor parte de los países del mundo. Es diversión a costa de la muerte y el sufrimiento de un ser vivo. Además, el impacto de las ganaderías en la contaminación ambiental es brutal”, diserta. Larios coincide con Cedillo en que la sociedad no necesita de más ‘referencias violentas’: “Aquellos que se acostumbran a ver la tortura de seres vivos, como es el caso de los niños que son inducidos a esta clase de espectáculo, desarrollan una falta de empatía". Cedillo secunda la premisa: “La tauromaquia está vinculada con armas y sangre. Esto es una manera de desensibilizar a la persona hacia violencia, tomarla como algo cotidiano. Si la sangre es común, qué más da la sangre de las corridas de toros”. Larios infiere que los estados con mayor índice delictivo en el país son aquellos que presumen de mayor tradición de toreo; no obstante, los datos oficiales desmienten parcialmente su postulado: de acuerdo a la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, realizado por el INEGI, entre las 10 entidades federativas más inseguras se encuentran Baja California y Sonora, regiones con nula actividad taurina.

“Lo único que mantiene a las corridas de toros es la necedad de personas que quieren seguir manteniendo esto"

Gustavo Larios, presidente de la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales

Para los taurinos, la ‘Fiesta Brava’ es más que arte. Hay un porqué natural que sustenta su existencia. Es un ejercicio de libertades. Es una intervención en el devenir de las leyes de la naturaleza a través de un acto estético. Es un homenaje al toro, un ritual de vida, un acto de respeto y dignidad. “Es un ritual de vida y muerte, una ejemplificación cultural de la historia del ser humano, la lucha de la inteligencia contra la fuerza bruta, la lucha convertida en arte”, define Hernández de espaldas al refulgente ruedo de La México y sus gradas remozadas en la tarde de la entrevista. “El toro es el único animal de consumo humano que puede ser indultado. Hay alegría en el público, los aficionados. Se festeja la vida. Cuando el torero pincha y no puede matar rápido, se recrimina esta actitud y la gente se enoja. No nos gusta cuando un toro no se sacrifica de manera más rápida”, explica Saborit. Para el director de Tauromaquia MX, el gremio aboga por la vida animal y la lidia del toro es una forma de demostrarlo: “Nosotros estamos a favor del bienestar animal. Queremos que la muerte del animal sea más expedita, con menos dolor. Sufrimos cuando vemos a un animal con un dolor excesivo. Pero no estamos dañados por el hecho de ver un sacrificio”.

El razonamiento detrás de lidia del toro está en la preservación de una raza que consideran única y en brindarle un final digno a su inevitable destino, ya trazado por la dinámica del status quo de la industria alimentaria y ganadera. El toro de lidia debe morir, sentencian. Para ello se le cría. Ese fin es el cimiento de toda la industria. Por tal razón, la prohibición de la tauromaquia atentaría contra su existencia. Sin lidia, toda la construcción caería. “Mueren porque no se pueden usar para otra cosa después. Los que son indultados vuelven al campo, se componen y viven como reyes el resto de su vida”, explica Enrique Hernández. El sustento que mantiene al toro indultado es, precisamente, lo que su venta a los empresarios y las plazas genera. “Viven como sementales, por la selección genética. Por eso se llegan a indultar. No es tanto un premio al toro, sino a la historia, la evolución y su genética”, añade. Para Doddoli, la lidia es una forma de entender y honrar al toro. “Cuando estamos atinados, y el toro tiene tantas cualidades en la bravura y nobleza se le perdona la vida. Después de lidiarlo, desarrolla su instinto de aprendizaje, se vuelve más agresivo”.

Por la forma en la que está conformado el status quo taurino, las opciones para los becerros que llegan a los ruedos se reducen a dos. Sin embargo, solo el 10% de toros criados en las ganaderías optan al ‘sacrificio’. La mayoría se queda en el campo. Por ende, el toro lidiado se convierte en el gran benefactor de la ganadería y en el combustible de la cadena de valor. “Le da de comer a mucha gente. Es una economía enorme de empleos directos e indirectos. El toro mantiene a su familia en el campo, y la del transportista, y del ganadero, hay una cadena alimenticia tremenda. Hay familias que viven de la fiesta de toros. Es fácil decir ‘vamos a acabar con la fiesta de toros’ con una visión simplista”, revira Hernández. Como el destino del astado es infranqueable, la corrida es un ritual para ‘matarle con dignidad’: “La única forma filosóficamente digna de que un toro muera es, precisamente, peleando”, sigue el locutor de ‘Fiesta Brava’. “Mejor eso a matarlo en la oscuridad, en un lugar anónimo. Otros dicen ‘que no se mate en público’; bueno, si tú no quieres verlo, no vayas. Antes de comerlo vamos a hacer este ritual, este espectáculo, con una profundidad cultural, estética, histórica”, legitima Saborit.

El arte se nutre de la pulsión de muerte, decretaba Freud. “El toro es el único animal al que se le mata de frente, dándole el pecho. A los demás se les mata a mansalva, con las armas. Verlo morir en un rastro es indigno”, explica Hernández. Es por eso que el racional taurino no considera que la lidia y la muerte del bovino como acto de crueldad, sino como una exaltación del ciclo de la vida. La tauromaquia es, según Saborit, un método a favor del bienestar animal en el que una minoría se somete a sacrificio para aportar los recursos que mantengan el engranaje en movimiento: “Los animalistas somos nosotros. Estamos a favor del cuidado, de la procreación, de la perpetuidad de esta raza. No conocemos a ningún anti-taurino que cuide y que alimente e invierta para cuidar al toro de esta forma”. En la lidia hay belleza, razonan: “¿Crueldad? Cuando veo una verónica bien pegada, una tanda de naturales por bajo, largo, templado, y rematado por un pase de pecho, veo arte. Y es un duro, efectivamente. Ver la muerte de un animal es fuerte, pero es parte de la naturaleza”.

Tercia de banderillas

Un pilar central del pensamiento taurino es que el novillo no padece dolor mientras es lidiado. Basan su argumento en la proliferación de estudios científicos que avalan las reacciones endocrinas de los bovinos mientras están sometidos a situaciones de estrés. Uno de ellos lleva por título ‘Regulación Neuroendocrina del estrés y dolor en el toro de lidia”, publicado por la Revisa Complutense de Ciencias Veterinarias en 2007. “A nivel cerebral, tiene endorfinas que lo eximen de sentir dolor. El sufrimiento, la tortura no existe en ningún animal, ni en el toro ni en ningún otro. Genera cantidad industriales de adrenalina. No se pica porque nos guste ver sangre, porque nos guste ser sádicos, se tiene que picar porque esa adrenalina lleva a que se congestione y sufra un infarto. No es sadismo, es necesidad”, asegura Hernández, quien arguye que los animales no tienen la capacidad de sufrir, porque el sufrimiento es un proceso cognitivo, reflexivo, propio de un ser con racionalidad: “No entiendo que se impongan estos procedimientos de los seres humanos a los animales. El animal claro que siente dolor, no desarrollan la reflexión que conlleva el sufrimiento”.

Argumentos que esgrimen los taurinos a favor de la 'Fiesta Brava'

Argumentos que esgrimen los taurinos a favor de la 'Fiesta Brava'

Para Gustavo Larios, el argumento de Enrique Hernández es falaz. “Es absolutamente primitivo y carente de sentido científico. Han llegado a argumentar que no sufren porque tienen la piel muy gruesa, lo que es sumamente ridículo. Lo único que muestra es que son gente carente de empatía. No tienen conocimiento de las ciencias naturales más elementales y del sistema nervioso central”. Cedillo profundiza: “Invito a cualquier taurino a que recurra a los estudios científicos en Europa, incluso aquí en América. Está comprobado que los animales tienen capacidad de pensamiento y de sentir. No confundamos a la gente. Sí les duele lo que les hacemos. También los invito a que se claven un cuchillo, a ver si les duele o no”.

El bando taurino percibe que la ‘Fiesta Brava’ es víctima de un lobby político-internacional incentivado por una corriente “animalista” que persigue intereses propios. Objetan que el ataque está liderado por empresas multinacionales, de origen anglosajón, que no comprenden las tradiciones nacionales y osan con atentar contra un bien cultural ajeno a ellos. El animalismo es una moda redituable económicamente, afirman. “No podemos negar que es un conflicto constante. Holanda es el principal productor de alimentos de mascotas. Ahí está el negocio. Es alguien alejado a nuestra sangre, nuestra historia y herencia. Van a tener varios desatinos”, desenvuelve Doddoli. Hernández replica la noción: “Es una corriente electorera, banderita política. Este ‘mascotismo’ que nos está invadiendo en todos aspectos viene de Holanda. Invierten muchísimo. De ahí viene la corriente de que ‘los amigos no se compran, se adoptan’ y todos esos infomerciales. Soy el primero en querer a los animales. Adoro al toro bravo, soy el animalista más grande que se puedan imaginar. Este movimiento animaliza al hombre y humaniza al animal”.

Argumentos que esgrimen los anti-taurinos en contra de la 'Fiesta Brava'

Argumentos que esgrimen los anti-taurinos en contra de la 'Fiesta Brava'

Para las fuentes taurinas consultadas, el “animalismo” desnaturaliza al animal. Contradice las leyes naturales y la relación hombre-animal y constituye un maltrato, sostienen, más cruel que la lidia misma. “Un perro no puede estar en una carriola, ni el gato tiene por qué tener una bufanda, pero eso es negocio. Son compañías de nivel trasnacional, de cultura anglosajona, que quieren implementar usos y costumbres. Nosotros respetamos la naturaleza animal, al toro bravo lo tratamos como toro bravo; al perro, como perro”, ataja Saborit, quien asume que su facción encara la batalla en desventaja: “No tenemos los recursos de estas grandes cadenas. Vienen del extranjero a cambiar usos y costumbres para que consumamos sus productos”. Larios refuta la conspiración y esgrime que, si la ‘Fiesta Brava’ está en ‘decadencia’, se debe a un cambio de consciencia social respecto al trato hacia los animales: “No veo en qué lo sustenten. La lucha anti-taurina la ha hecho la sociedad civil. No tengo ningún negocio de mascotas. He sido, de hecho, un fuerte luchador en contra de las tiendas de mascotas. No las quiero. También estamos trabajando en la clausura de laboratorios que experimentan con animales”.

En el Congreso de la Ciudad de México, la fotoperiodista Elideth Fernández inauguró una exposición llamada “Revocar el silencio”, que muestra una colección de sus mejores (y más crudas) imágenes que retratan el sufrimiento de los animales ante las actividades culturales humanas. El lobby central del recinto de Donceles alberga la muestra a donde asiste la diputada morenista Leticia Varela, uno de los rostros más visibles de la agenda animalista en el poder político. Actualmente, existen cuatro iniciativas que están en proceso de revisión, pero el trajín legislativo aún aguarda varias batallas. Álvaro Cedillo, quien apoya abiertamente la cruzada de Varela, cree que es necesario transformar las leyes en favor de los derechos de los animales: “México tiene que adaptarse a los nuevos tiempos y las leyes. La Ciudad de México ha sido la primera que en su Constitución reconoce a los animales como seres sintientes, como sujetos, sujetos con derechos”.

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Los 31 Estados de la República contemplan como delito el abuso a los animales. Una de las normas locales más célebres la Ley de Protección a los Animales, promulgada en la Ciudad de México en 2002 y actualizada en 2018. Dicho ordenamiento prohíbe todas las formas de maltrato animal, excepto las peleas de gallos y la tauromaquia. Varela ya tiene planes para continuar con las reformas: “Lo que queremos es sancionar conductas como el abandono de los animales. Pretendo es que en el código penal esta situación se penalice, con sanción económica o días en la cárcel”. Cedillo aporta que la ley tendría que vislumbrar que el animal fuese protegido por un tutor legal, para que su derecho a la alimentación, al bienestar, al agua y a la libertad esté bajo resguardo jurídico. Sin embargo, Larios nota un retroceso con la toma de posesión del nuevo gobierno federal y la ausencia de mecanismos para forzar la aplicación de las normas: “Logramos avanzar muchísimo durante 20 años. Leyes hay, pero no tenemos un sistema ni las suficientes herramientas. La agencia de Veracruz funcionaba bien, pero el trabajo que hicieron se fue al traste con el cambio de fiscal estatal. En la CDMX estuvo bien hasta la anterior administración. Hay un desprecio absoluto en todos los niveles”, denuncia el presidente de AMEDEA.

"El toro es el único animal al que se le mata de frente, dándole el pecho. A los demás se les mata a mansalva, con las armas. Verlo morir en un rastro es indigno"

Enrique Hernández, periodista taurino

El sector taurino recibe el entramado de protección legal a los animales con cierto recelo. “Esta cuestión de derechos, como tal, no existe. Nosotros apelamos a la libertad”, sentencia Saborit. Los abogados de Tauromaquia MX tienen un enfoque distinto, la preservación de los ecosistemas en el entendido que la relación hombre-animal está definida por las diferencias naturales: “Meten amparos, desde la cuestión de redactar propuestas en las que podamos definir desde la diferencia entre animales de vida salvaje en los que el ser humano tiene la obligación de cuidar su ecosistema”, expone Saborit. La Asociación de Doddoli, uno de los entes que conforman Tauromaquia MX, también realiza sus propios esfuerzos para preservar la ‘Fiesta Brava’ en México. “Estamos trabajando en recuperar Guerrero (prohibición), porque Chilpancingo y Taxco son tradicionales. Sí nos preocupa. Creo que podemos recuperar pronto Coahuila”.

Tercio de muerte

Como trasfondo, surge la sombra de la consulta anunciada por el presidente de la República. Ambos lados de la trinchera asumen la posibilidad, aún distante, aunque hay serias dudas sobre el marco legal, el ordenamiento y la naturaleza misma del ejercicio: “Tenemos datos de que casi el 80% de la población no quiere este tipo de espectáculos y estoy muy contenta”, se congratula Varela. “El presidente siempre se ha caracterizado por ser un gran demócrata. Tiene que escuchar todas las voces, pero antes hay que reformar el artículo 35 de la Constitución. Algo que no está en la Constitución no puede entrar a consulta. También tendría que quitarle sus facultades a los Estados y municipios y, por ende, igualmente habría que mover el artículo 40. Cada municipio tiene su propio reglamento taurino; tendrían que abolir el derecho a tener esos reglamentos”, advierte Doddoli. De hecho, el Estado mexicano interviene activamente en la lidia a través del Reglamento de Espectáculos Taurinos que mandata que el presidente municipal tiene las facultades de nombrar a los jueces de plaza, la autoridad máxima en el festejo.

No obstante, el intento por dejar el futuro de la tauromaquia en México en manos del vox populi también causa resquemor. Para Enrique Hernández, la consulta ni siquiera es viable jurídicamente: “Me parece absurda. ¿Alguien que nunca ha tenido a los toros, va a poder opinar de toros? Creo que aquí una consulta no es de lo más representativa”. Gustavo Larios redobla la apuesta: “Es una actividad electoral. Que la hagan, pero ya sabemos cómo la hacen. El presidente tiene amigos taurinos y ganaderos. Son consultas a mano alzada. Es totalmente manipulador. Es una verdadera farsa”. Al respecto, el activista compartió que, en alguna ocasión, una casa encuestadora le ofreció publicar un sondeo con resultados “al gusto”. “Me lo plantearon como que era algo normal. Si así son las consultas de ahora de los políticos, pues con razón. Tienen una metodología que la hace ver como totalmente auténtica”. Álvaro Cedillo comparte el escepticismo: “Debería estar vigilada por organismos internacionales y neutrales, que estén fuera de cualquier interés de la industria de la tauromaquia. La consulta no puede levantando la mano. Tiene que ser algo serio”.

Lety Varela, en cambio, confía en que el referéndum, si bien no sería vinculatorio, brindaría un buen punto de partida para el frente anti-taurino. “Lo hacemos para que la gente pueda opinar respecto a este tema. Nos dará elementos para que mis compañeros congresistas tomemos cartas en el asunto”. Saborit está a favor de la consulta, pero pide reglas claras: “Perfecto, vamos a poner el suelo parejo e informemos a la población con argumentos reales. En una encuesta salió que un 30% está a favor de nosotros. Qué maravilla que así sea. Y por eso no se nos puede prohibir. ¿Si tú ya no eres mayoría, no tienes derecho a existir? Eso es inconcebible en una democracia, en una sociedad plural”. El extorero asume su causa como la lucha por los derechos fundamentales de una minoría en la que caben, incluso, los pueblos originarios: “No puedes atentar contra sus usos y costumbres. La mayoría de los pueblos indígenas tienen una relación profunda con los toros y sus sacrificios”. Varela, sin embargo, no está de acuerdo con tal acepción. “Tenemos que aprender a respetar las leyes y ejercerlas. Se abre el debate, precisamente, para que entren las minorías. No hay un ataque a una minoría. Sería un respeto a la consulta, a la Constitución y al bienestar animal”.

Los reportes no son los más halagüeños para la industria taurina en México. Entre 2006 y 2015, el número de festejos descendió un 28%, según el informe de Sagarpa, que presentará una versión actualizada antes de que concluya el año en curso. La asistencia total a la plazas de toros en 2015 fue de 3,582,600 personas en 504 eventos, lo que generó un boletaje valuado en $1,527,898,918 y un promedio de 7,108 aficionados en los tendidos. Además, asisten a los festejos solo 4.62% de las 77.67 millones de personas en el país que entre los 15 y 64 años. “Los resultados van notoriamente creciendo en función del rechazo. Hoy en día, la vida ofrece muchísimas opciones contra algo tan decadente”, enfatiza Larios, quien niega los coletazos del toro: “Es una falacia. En realidad, la industria taurina está muerta desde hace muchos años. He hablado con muchos de ellos, dueños de ganaderías, toreros, y reconocen que realmente están perdiendo. Las plazas se llenan mucho más cuando hay otro tipo de espectáculos como deportes extremos o motocicletas. Es un negocio perdido. Prefieren mil veces que haya un concierto de rock. La gente que trabaja ahí, los que venden cojines, cervezas, botanas, no les alcanza”, sentencia.

"La abolición total de la tauromaquia sería lo más correcto porque ningún sacrificio de ningún animal vale la pena"

Álvaro Cedillo, director editorial de 'Prensa Animal'

Cedillo cree que el mismo gremio ha contribuido a su extinción por su defensa de la violencia como una forma legítima de expresión y negocio: “Cuando las minorías luchan por causas justas y positivas a favor de una sociedad, no tienen por qué preocuparse. Cuando insisten en pensamiento retrógradas, ellos mismos están cavando su desaparición. La tauromaquia, por ser esa minoría que busca la sangre, no tiene futuro”. Sin embargo, al interior del gremio se ha sopesado la idea de reformar sus reglamentos, sin trastocar la esencia del festejo, a fin de maquillar la violencia de la ‘fiesta’ y adaptarla a las necesidades de los nuevos paradigmas, los nuevos tiempos, los nuevos públicos; acercar a un público eminentemente joven que está ajena al sacrifico por considerarlo arcaico, vetusto. Reducir el número de banderillas, agilizar la dinámica de la lidia, empequeñecer la pulla, eliminar el espadazo. En fin, reducir la sangre. Pero el sector anti-taurino tampoco aceptaría tales concesiones. “Soy totalmente prohibicionista. Se pueden dar pasos para impedir niveles de sufrimiento, pero seguiría dándose. Además, las trampas estarían a la orden del día”, niega Larios

Entre tanto, el universo en torno al toro es una de las mayores preocupaciones para todo el gremio. Mientras Larios asevera que la mayoría de los empleos son indirectos y están mal pagados, lo cierto es que la derrama económica trastoca a un universo de industrias paralelas. Por ejemplo, la televisión pagó $1,240,000 en 2015 en concepto de derechos de transmisión, o la elaboración de los capotes generó un movimiento de $7,918,56, según el informe de Sagarpa. Eduardo Martínez Urquidi, dueño de la ganadería Los Encinos, emplea a 12 personas de forma directa y subcontrata a centenares más que cubren actividades diversas como el monitoreo de la reproducción, la logística, los cuidados veterinarios, etcétera. Los costos de reproducción y cuidado de un toro son de, aproximadamente, $220,000. “Creo que hay más maltrato animal en el hecho de inducirles comportamientos que no tienen nada que ver con su naturaleza. Entre más se humaniza al animal, la gente más consume productos de alimento animal”, querella el empresario.

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La abolición de la tauromaquia afectaría sobremanera a Estados completos, según Hernández: “La Feria de Aguascalientes, si le quitas los toros y los galles, se acabó. Hay gente que vive de ella todo el año. Se terminaría la feria más importante de México”. De hecho, en 2015, la Feria de San Marcos supuso una derrama de $3,061 millones de pesos, mientras que la Feria de León, otro importante centro neurálgico taurino en el país, movió un estimado de $2,000 millones. Para prever esto, Varela ya prepara una iniciativa que incluye un convenio con la Secretaría de Trabajo para garantizar el derecho al trabajo a los afectados por la hipotética desaparición de sus empleos: “Son temporales. No tienen prestaciones, porque laboran dos o tres meses del año. No están en el seguro social. Vamos a ayudarles. No los vamos a perder de vista”. 

La Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos, Rejoneadores y Similares que preside Doddoli ostenta, actualmente, 532 miembros, a diferencia de los 642 registrados en 2016: 180 novilleros, 80 becerristas, 12 rejoneadores, 220 matadores mexicanos y 40 extranjeros. En promedio, un matador recibe un salario de $70,000. El toreo es la vida para ellos: “Escucho a la gente decir que esto se va a acabar. Es casi imposible. La ‘Fiesta Brava’ es eterna”, defiende con ahínco, con la espada por delante. ¿Lo es?

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