Rapsodia triste de total vulgaridad

Un partido tan malo conduce al aburrimiento y, por tanto, a la igualdad, a la nada, puntos divididos igual que fue dividido el juego. Una rapsodia, triste, de total vulgaridad.

El primer resplandor, ese gol del Valencia a los 78 segundos, convirtió al Barça en una víctima avergonzada. Tuvo que ser Messi, quién si no, el que pusiera las tablas sobre la rapidez blanca. Y entonces se rehicieron los azulgrana para poner en ciertos apuros la portería de Neto.

El resultado se fue haciendo entre fallos de unos y de otros, y ni siquiera el astro azulgrana pudo levantar a su equipo del suelo al que está sometido. Me gusta este Semedo, y me parece muy prometedor el juego de Arthur, capaz de una técnica que no tiene ahora eficacia pero alberga cierta belleza, que algunos equiparan a la desplegada en otro tiempo (ay, qué otro tiempo) por el legendario Xavi Hernández.

En el equipo contrario hay entusiasmo, pero el entrenador no se decide a explotar a Rodrigo. El Barça fue opaco, hasta en las decisiones del entrenador. Valverde se guardó a Dembelé como si tuviera resuelto el partido y quisiera una guinda para acabar.

La guinda es lo que busca Messi siempre, desde el principio. No hay un jugador en el Barça hoy que tenga ese sentido de la competición, de la alegría de jugar. Me aburrí, me sentí mal, no hay afición que apruebe esta falta de ángel. Una rapsodia tan triste.

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