Los sistemas del CSKA y sus contradicciones

La disyuntiva rusa. La segunda aventura del Madrid en esta Champions presenta la complejidad de desconocer qué sistema utilizará Goncharenko en el CSKA. Habituado a jugar con un 3-5-2 o 3-3-3-1, el entrenador bielorruso adoptó una postura más arriesgada en el descanso ante el Viktoria Plzen cuando ya caía 2-0. Dio una vuelta al planteamiento y pasó a un 4-2-3-1 para aumentar la movilidad y ritmo de su equipo. El CSKA logró un empate in extremis (2-2) y Goncharenko decidió mantener esta estructura en el encuentro contra el Spartak (1-1) y en la visita al Orenburg (0-1). Es un conjunto que no renuncia al balón (55% de posesión media este curso), con un manejo técnico interesante y equilibrado en ataque. Aunque su idea general no varía, sí existen diferencias dependientes del dibujo que utilice.

Las carencias. La actitud del CSKA cuando se despliega a partir de tres centrales y dos carrileros es más conservadora. Si se establece una comparación directa con el Sevilla de Machín, que despachó con suficiencia al Madrid, se aprecia que el equipo hispalense es mucho más vertical y salta líneas con facilidad. Todo lo contrario le sucede al CSKA. Le cuesta obtener ventajas por las bandas pese a los esfuerzos de Fernandes en la derecha (31 jugadas por esa vía). Se enreda en ataques posicionales, casi 70 por partido, con limitado fondo ofensivo. El talento de Vlasic y el dinamismo de Chalov, a partir de caídas a la banda izquierda para sacar después su disparo con la pierna derecha, liberan al CSKA de la atonía. Los desplazamientos largos del mediocentro Bijol también ofrecen una alternativa a tener en cuenta.

En fase de posesión del rival, este esquema se transforma en un 5-4-1. Se resguarda con un bloque bajo-medio e intenta acelerar tras recuperación con poco tino (promedia 18 contras). Sin embargo, la acumulación de jugadores defensivos no significa que el CSKA resulte más inaccesible con este esquema. Los de Goncharenko conceden 12 disparos a su adversario por partido. La lentitud de los centrales les impide anticipar y sujetar el área. Además, no cierran los huecos que se abren entre ellos y los carrileros. Vista la secuencia fallida del Madrid en el Pizjuán, Goncharenko podría retomar este dibujo, aunque perdería las novedades positivas que le ha reportado el cambio táctico.

Mejoría creativa. Con el 4-2-3-1, el CSKA enriquece sus condiciones para hilar su fútbol en pasillos interiores y abrazar una posición más autoritaria en campo contrario. Vlasic irrumpe como su jugador más importante en todo el proceso creador (86 acciones de media). La aportación del jugador croata, creciente en cada partido, arma los ataques rusos desde la mediapunta. Los últimos pases acostumbran a salir de sus botas: tres entregas de finalización. Se mueve con sentido entre líneas y tiende a ocupar los espacios vacíos. Su golpeo de balón a la espalda de la zaga capacita las apariciones de Akhmetov y Dzagoev, que encarna un cometido semejante, e incentiva el poder rematador de Chalov. Asimismo, la titularidad del zurdo Oblyakov potencia el balón parado ruso. El 4-2-3-1 favorece a Vlasic y hace del CSKA un equipo más dominador por convicción, una posición que puede ser traicionera ante el Madrid. El plan final de Goncharenko supeditará las soluciones de Lopetegui.

Balón por alto a Fernandes

El estimable juego aéreo de Fernandes, que gana el 75% de sus disputas por alto, propicia una jugada muy recurrente en el conjunto ruso. Avanza contra el lateral rival y le buscan en largo. No es extraño que sea lo primero que haga el CSKA tras el saque de centro.

 

 

 

 

 

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