Aznavour y los chavales del Madrid

Estaba abriendo el ordenador para empezar a redactar esta pequeña columna de opinión cuando salió una noticia que me estremeció. Incluso que me humedeció los ojos. “Charles Aznavour ha muerto”, contaron en la tele francesa. Noticia enseguida rebotada por la agencia EFE para España, donde el famoso cantante tiene muchos fans. Aznavour era el último monumento de la canción francesa y había grabado varios discos en español. Recuerdo haber asistido a un concierto suyo, hace unos tres años, en el Palacio de Deportes de Madrid (que estaba a rebosar). Así que las líneas que estoy escribiendo estarán acompañadas por el artista francés, hijo de inmigrantes armenios. Cuando empezó nadie creía en él, porque era bajito, tenía una nariz rara y una voz poco potente. Muchos se burlaron de su sueño de ser una estrella.

Decían que no iba a llegar nunca a nada y me he convertido en el cantante francés más conocido en el mundo”, contaba a menudo Aznavour. Hoy en Moscú, unos chavales van a tener la oportunidad de demostrar que pueden llevar con legitimidad y orgullo la camiseta del Madrid en la más prestigiosa competición de clubes. Empezado por Ceballos, Vallejo y Odriozola, o incluso Vinicius en la segunda parte. Todos han tenido, en su periodo de formación, algún momento de desesperación, todos han sufrido o temido no poder ser jugador profesional. Pero aquí están, al borde de esta gloria que el fútbol puede regalar. Y con las rimas de Aznavour: “La bohemia, la bohemia era mirar amanecer. La bohemia, la bohemia era soñar con un querer”.

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