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Asensio, antídoto contra la rutina

Se impuso la lógica en Girona, donde el Real Madrid el pasado año se estropeó para todo el campeonato. Aquella derrota fue el prefacio de un duro correctivo en Londres, frente al Tottenham. El equipo arregló la temporada en Kiev, pero las heridas eran evidentes. Se quejó Cristiano Ronaldo, se quejó Gareth Bale y se despidió Zinedine Zidane. Las consecuencias se observan ahora. Sólo queda Bale, obligado a ejercer el liderazgo que reclamó después de sus dos goles al Liverpool. Este es el paisaje de un equipo (ninguno de los tres fichajes, Courtois, Odriozola y Vinicius, ha debutado en LaLiga) que ha comenzado con paso seguro: dos partidos, dos victorias y ninguna de las concesiones que ofreció hace un año. Otra cosa es el juego que desarrolla, que no enamora y muchas veces se vuelve rutinario.

Antes de que el Madrid engrasara el camino a la victoria, el Girona le dio una tonelada de problemas. Jugó con más intensidad, mejores ideas y Portu, un diablo con botas. Es el típico jugador que los defensas no olvidan en sus libros de notas. Rápido, compacto, directo, indesmayable, su contribución al Girona es enorme. Sin Portu, el equipo sería otra cosa, bastante peor, por cierto.

Portu perforó al Madrid por la zona de Marcelo, desatento en el capítulo defensivo y decisivo en el ataque. O sea, Marcelo. Sergio Ramos calibró la situación y terminó por ocuparse del delantero del Girona. Por ahí comenzó a equilibrarse un partido que el Real Madrid perdía (1-0) y ofrecía los peores síntomas del equipo. Durante buena parte del primer tiempo el Madrid pareció un equipo aburrido, la típica situación de los grupos de trabajo que se conocen demasiado y están saturados de verse.

Al Madrid no le cambió la vida el juego. Giró el partido porque dispone de estupendos jugadores, capaces de resolver situaciones que a la mayoría de los rivales les resultan inabordables. No le faltó ayuda del Girona, que pasó del máximo entusiasmo a una considerable depresión. Sus jugadores comenzaron a equivocarse en cuestiones básicas (cada decisión era peor que la anterior) y ésa es muy mala política contra el Real Madrid.

Dos ingenuos penaltis (el segundo fue devastador para el equipo de Eusebio) simplificaron el partido para el Real Madrid, cuyo grado de autoridad creció hasta convertirse en casi insultante. Al fondo, un jugador peculiar: Marco Asensio. Pocos futbolistas invitan a pensar en una acumulación mayor de talento, versatilidad y remate. En ocasiones recuerda a Bale, pero con más conocimiento del juego. En otras, cuando interviene menos de lo que debería, o cuando no explora su potencial como futbolista, también recuerda a Bale.

El problema, tanto para Asensio como para Bale, es que este Real Madrid no se puede permitir vacaciones mentales o desatenciones. El equipo, que por ahora se envuelve en la rutina, necesita de la indiscutible brillantez del galés y de Asensio, pero también requiere de ellos una contribución más constante. Asensio está en un periodo muy interesante de su carrera. Puede quedarse en un jugador de maravillosos detalles o en un futbolista de cuerpo entero, dispuesto a asumir la jefatura que por ahora le han negado su juventud y una cierta timidez. En Girona fue la pieza principal en la recuperación de este Madrid sin grandes fichajes y con mucha gente de toda la vida, un equipo que no puede permitirse el lujo de un juego rutinario, no vaya a ocurrirle el sofocón que sufrió en Montivili durante toda la primera parte.

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