La estrella inesperada

Lluvia de alegría. Cuando hace veinte años los Bleus ganaron el primer Mundial de su historia, pensé que no volvería a vivir un momento igual en mi vida. Porque Francia no es un país realmente obsesionado por el fútbol y que, incluso para las naciones muy futboleras, resulta extremadamente complicado conquistar una estrella. Ya lo sabe de sobra España que tiene la ventaja de poseer la mejor liga del mundo y que ha tenido que esperar hasta el 2010 para coronarse. Así que creía que, con Zidane y compañía en el 98, los franceses habíamos recibido nuestra dosis de gloria futbolística. Pero otra alegría mundial estaba escondida, dispuesta a irrumpir gracias a una fabulosa generación de jóvenes jugadores. No me lo esperaba porque no confiaba en Deschamps, pero después de la victoria frente a Uruguay en octavos estaba seguro de que los Bleus irían hasta el final. Porque este grupo tiene un carácter tan fuerte que parecía que nada malo le podía ocurrir.

El pueblo francés se lo merece. Ayer por la noche millones de franceses salieron a las calles de todos los municipios del hexágono (desde los pequeños pueblos hasta las grandes ciudades) para festejar un triunfo que, para mis compatriotas, va más allá del simple deporte. Las últimas veces que el pueblo francés se reunió de forma tan numerosa fue para llorar a sus muertos después de los terribles y repetidos atentados perpetrados por los terroristas islamistas. Nos merecíamos una ocasión de “llenar el asfalto” por algo alegre y sencillo. No por un duelo. Ayer el pueblo francés no tuvo miedo a estas agrupaciones que, por desgracia, siempre pueden ser el blanco de los asesinos. Gracias a esta victoria en el Mundial, mi país demostró que los terroristas no habían conseguido asustarnos y hacernos cambiar de forma de vida.

¿Catenaccio galo? Voy a ser sincero. El juego que ha propuesto mi selección a lo largo de esta fase final no me ha entusiasmado. Y entiendo las críticas por el estilo muy defensivo del equipo de mi país, una especie de ‘catenaccio galo’ (metiendo cuatro goles en la final sin embargo). Al final del encuentro, me acordé de una charla que tuve un día con Fabio Cannavaro durante la cual le hablé de la racanería de la selección italiana. “Pues con este estilo tenemos cuatro estrellas en el pecho”, me contestó el capitán del campeón mundial en 2006. El equipo más bello de la historia del fútbol francés, con Michel Platini al mando, sufrió dos terribles derrotas en semifinales en el 82 y el 86 y nunca pudo alzar la copa. Croacia jugó infinitamente mejor que nosotros… ¡Pero los que van a desfilar esta tarde son los franceses!

El quinteto de gala. A la hora de hacer un primer balance, creo que cinco futbolistas franceses han destacado en este Mundial. Empezado por supuesto por Kylian Mbappé, que ha sido elegido mejor joven de la competición, y que ha maravillado al mundo por su velocidad, su atrevimiento y su talento. Griezmann ha ido de menos a más, ha marcado y asistido y se ha sacrificado para los demás cuando hizo falta. Pogba me parecía un poco soberbio pero, en este último mes, ha crecido mucho como jugador y ser humano. Ha realizado un mundial ejemplar. Lucas Hernández ha sorprendido a todos con su garra y su sentido táctico jugando de lateral izquierdo, lo que no es su puesto natural. Y, para terminar, pienso que Varane se he doctorado como líder. Un inmenso líder.

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