Tercer tiempo

Era de Mbappé

Veinte años después de haber ganado el Mundial, aquella Francia de Zidane y de Deschamps, que es ahora la Francia de Mbappé y de Griezmann, venció tras un campeonato de locura a la Croacia de Modric y de Mandzukic y hace historia frente a selecciones que cayeron demasiado pronto por su mala cabeza, como Alemania, España, Brasil y Argentina. El día de gloria no es tan solo para Mbappé y los suyos: lo comparten con otras selecciones que han dejado en el Mundial la impronta de un fútbol bravo, lleno de ese patriotismo que en el fútbol se resuelve más con la furia que con la calidad. Entre esas selecciones está Croacia.

Ejemplo de Modric

Croacia y Bélgica, que han sido segunda y tercera, cumplieron con creces la tarea de crear fútbol frente a combinados que desde hace rato lloran su impotencia. Y frente a Francia, en este caso, la Croacia de Modric dejó en el campo no sólo espíritu de lucha, a veces suicida, sino de juego, de ponderación futbolística, de genio; hasta el punto que se puede decir que la campeona, esta Francia inteligente y lista para jugar y para simular lances inexistentes en el juego, ganó más por los azares y por la calidad de sus individuos para aprovechar las ocasiones que por la posesión y por la capacidad de combinar jugadas.

“Le Jour du VAR”

La ocurrencia de Lluis Flaquer, el ilustrado Flaqui de Carrusel, queda vigente como el otro grito de la final: “Le Jour du VAR est arrivé”. No se debe hablar de árbitros tras un partido, pero es cierto que las consultas hechas y no hechas a la televisión que ahora arbitra también el fútbol marcaron el comienzo de este 4-2. Griezmann simuló una falta que el ojo de cualquiera hubiera desterrado por impropia. Pero el ojo del VAR no actuó ahí. El VAR juzgó luego un penalti que despertaba dudas. Y por esa vereda le llegó a Francia la gloria. “Le Jour du VAR est arrivé”. Bravo, Flaqui.

La edad de la razón

Fue un partido apasionante mientras duró. No se rindió Croacia nunca, fue templada en la desgracia, y Francia le puso razón a la incertidumbre. La selección que representa al país de Descartes se tomó con calma la furia del ajedrez rojo, y mientras Modric y los suyos avanzaban como si se quisieran comer la Torre Eiffel, Mbappé afilaba los cuchillos de una delantera que con una ocasión tan solo marcó dos goles. En los dos lados había pasión por los colores. Croacia templó sus nervios, Mbappé fue nervio puro, templado por la velocidad de su razonamiento. El fútbol no es pasión tan solo, aquí venció el razonamiento.

La duda del fútbol

Al fútbol le entraron dudas nada más empezar el partido. Habría más patada que juego. A veces se cambiaron esas tornas, por acciones de los ya citados. Pero se impuso la realidad del campeonato: había que ganar, déjense de flores. Y el más dubitativo perdió. Siendo el país que inventó la duda para vencer con argumentos, Francia se ocupó de desquiciar al contrario con una efectividad que incluía la ligereza, la velocidad de un hombre solo. Los croatas no lo vieron a tiempo, así que Mbappé fue siempre un malabarista que en solitario dejó el campo minado para que otros sacrificaran al portero croata.

Los himnos

La Francia de la gloria, la Croacia que irrumpió en este Mundial para ponerse una gloria en el escudo. Esa Francia que cantó para el mundo el himno de la libertad, la fraternidad y la igualdad, sonó en Moscú como un grito de lucha que hace veinte años le dio la gloria a una selección de la que no sólo salió un campeón del mundo, sino un francés de origen argelino, Zidane, el ejemplo de su fútbol creativo que en España también disfrutamos. El nítido heredero es Mbappé, de origen camerunés y argelino. La Francia de los brazos abiertos abre los brazos ahora también al porvenir del fútbol.

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