Cómo desmontar a Neymar

Esta será LaLiga de Messi, una más, siete de las últimas diez lleva, como cruz de guía del Barça. También la del viaje al 4-4-2 de Valverde, que se saltó el check-point del 4-3-3 y eso es pisar arenas movedizas en el Barça de los puristas modernos. Será la última Liga del dulce Iniesta. La de las paradas de Ter Stegen, las cabalgadas de Alba, el doble pivote Busquets-Rakitic y la heterodoxia de Paulinho. La del jornalero del gol que es Suárez y la de dos multimillonarias llegadas: una fantasmagórica, Dembélé; y otra prometedora, Coutinho. 

Esta Liga del Barça, y este doblete, el octavo de la historia, tampoco se podrán entender sin la mancha de Roma, puro vinagre. Pero, sobre todo, en esta Liga se trataba de desmontar a Neymar. Y no en un sentido peyorativo. Neymar se había convertido en un fenómeno social en Barcelona. Sus camisetas competían con las de Messi en cualquier rincón de la ciudad. Con toda su singularidad, genialidades y desplantes, se había ganado el corazón de la gente. Fue como si en su fuga a París se llevase la alegría. Por eso, por todo, fue un agosto triste en Barcelona. Valverde, un entrenador de apariencia neutra, pareció todo lo contrario a lo que el Barcelona necesitaba en aquel momento que daba la sensación de requerir un electroshock. Terminó por resultar lo contrario. Su flema, su capacidad de gestión y sus finos movimientos tácticos sobre el dibujo han hecho de nuevo campeón y feliz al Barça.

 

 

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