Un pasillo para Iniesta en el Clásico

La noche de Riazor empezó con un chasco: Iniesta no aparecía en la formación del Barça. Se le quiere tanto a este hombre que nos sentimos deseosos de disfrutar sus últimos minutos, sin desperdiciar ninguno. Pero andaba con una molestia y Valverde decidió reservarle. Al menos nos lo mostró al final, a partido ya resuelto, cuando una reacción formidable de Messi sacó al Barça de un gran atasco. En todo caso, el asunto acabó como estaba previsto, con alirón culé, Iniesta ahí y el Depor descendido. El Depor hizo un estupendo partido, por cierto, llegó a agobiar al Barça hasta que se desencadenó Messi. Sírvale de consuelo, si es posible.

Viendo una larga fase de la segunda parte, parecía increíble que ese equipo que encerraba al Barça estuviera en descenso. Alguien en Carrusel comentó que quizá habiendo traído antes a Seedorf... Desde que llegó hizo reaccionar al equipo, aunque con mala suerte real en los resultados en los primeros partidos. Cogió son de equipo competitivo y solvente, pero los puntos llegaron tarde frente a la reacción del Levante, anterior y poderosa. Su caída coincidió con el alirón del Barça, porque el fútbol es travieso y nos ofrece estos contrastes. Un grupo alegre, feliz por el logro del doblete, y un grupo abatido, sintiendo que le había fallado a su ciudad.

Ahora le queda todavía un objetivo al Barça, para seguir lavando la mancha de Roma: completar LaLiga invicto, cosa que no ha hecho nadie desde los treinta, cuando lo consiguieron el Athletic y el Madrid, pero en ligas de la mitad de duración. Ese objetivo, LaLiga sin derrota, le dará interés al Clásico, que ya está ahí. Y, por cierto, ha circulado la idea de que ambos equipos hicieran pasillo para aplaudir a Iniesta, que ese día se despedirá de los clásicos, en los que tanto ha dicho. Me gustaría. Entiendo todos los recelos entre el Madrid y el Barça, pero en todo conflicto es bueno aprovechar oportunidades para acercarse y destensar. Y ésta es una.