CIEN HISTORIAS DE LA COPA DEL MUNDO | 20

Mwepu Ilunga pateó un tiro libre en contra para salvar la vida

Zaire en Alemania '74

Considerada una de las jugadas más "chuscas" y extrañas en la historia del Mundial, su trasfondo es diametralmente opuesto. La dictadura de Mobutu en Zaire había amenazado a sus jugadores.

Estados Unidos

Mwepu Ilunga tiene por delante a Rivelino y una pelota muerta, presta para el golpe. Mientras el árbitro rumano Nicolai Rainea ordena distancia entre ofensores y defensores, Ilunga, lateral, rompió filas y corrió despavorido hacia el Telstar inerte. Un leopardo a toda velocidad sobre la pradera. El punterazo envió la pelota, probablemente, hasta Zaire, la Zaire del cleptómano Mobutu, el "guerrero todo-poderoso", la 'Gran-Zaire' que encarnaba la cúspide de la 'africanidad'. Y, en cierta forma, lo hizo. La represión, el desespero, el alma que pende de un hilo. El puntillazo de Illunga aún es objeto de burlas. Pero tenía una razón.

Mobutu Sese Zeko, en el poder de la República Democrática del Congo desde 1965, vía golpe de Estado, lanzó a principios de los 70 una campaña de transformación del Estado que regentaba con puño de hierro y dosis letales de cinismo. La 'Zairización', émulo africano de la estalinización, consistió en la expropiación masiva de empresas extranjeras afincadas en el Congo (tenía más saña con las europeas), la neutralidad política y el destierro de las tradiciones y códigos de vida occidentales, en detrimento de la cultura tribal pre-colonial imperante en el Congo. Eso sí, sus políticas no aplicaban para él cuando gozaba de sus cenas con Richard Nixon y sus escapes de fin de semana a París. 

En medio de la terapia de shock a la que se sometieron los congoleños (zaireños, ahora, ya que Zaire fue bautizada nueva la república esculpida a imagen y semejanza de Mobutu), el deporte, vaya sorpresa, jugaba un papel preponderante en la construcción de la reluciente nación. El renacer del orgullo 'panafricano', pensaba Mobutu, debía contar con su selección de fútbol como pieza angular. Con esa consigna viajaron 22 futbolistas a la Copa del Mundo de Alemania, a la que llegaron con surrealismo incluido: Marruecos, su rival en el repechaje, declinó presentarse al juego de vuelta (3-0, el marcador del primero) al arguir parcialidad de la Confederación Africana (CAF) en favor de Zaire. 

Los pupilos del yugoslavo Blagoje Vidinic habían recibido una promesa del dictador: si lograban una actuación que dignificara a Zaire y a África toda (no está claro el parámetro para medir a qué refería Mobutu), recibirían una compensación económica que solucionaría el resto de sus vidas. Zaire era, de hecho, la primera selección subsahariana en disputar una Copa del Mundo. La responsabilidad conferida era mayúscula. La inspiración, no obstante, duró 28 minutos en el debut ante Escocia, en Dortmund. Lorimer inauguró el marcador y Jordan selló el definitivo 2-0. Mobutu encolerizó y amenazó con retirar la oferta. Los futbolistas zaireños respondieron con la segunda peor goleada en la historia de las Copas del Mundo; claro, en contra suya: Yugoslavia 9-0 Zaire. Los balcánicos hicieron añicos al guardameta Ndimi, quien había sustituido al titular, Muamba, a los 21 minutos, cuando el encuentro marchaba 3-0. Era (casi) imposible que lo hiciera peor. Y lo hizo. Sus desafortunadas piruetas bajo palos merecen un lugar insigne en una compilación de bloopers épicos.

Mobutu, entonces, sentenció tras la humillación; el premio estaba fuera de discusión. Otra variable entró en la oferta. "Si pierden contra Brasil por más de tres goles, más vale que se queden en Alemania", condenó Mobutu, según el mismo Ilunga, liberado cuando el dictador de los sombreros de piel de leopardo murió en 1997, y cuando Zaire implosionó tras una segunda guerra civil para convertirse en la actual República Democrática del Congo.

Así, Zaire cerró su participación en Alemania '74 contra el campeón vigente, los vestigios del mítico equipo de cuatro años antes aún funcionales. Al 79', la apuesta ya estaba cubierta. 3-0 y faltaban once minutos de juego. Y uno después, Rainea concedió un tiro libre y Rivelino, el mago, un sobreviviente de la guardia pretoriana de México 70', imaginaba ya el trazado de la pelota hacia la cabaña de Muamba. "Tenía en sus ojos el gol", rememoró poético Illunga, citado por Kaizer Magazine. Y llegó el zapatazo. No, no era un imberbe que desconocía las reglas del deporte que practicaba. No, no era para risotada. Era instinto de supervivencia. El grito de desesperación de un hombre por salvar su vida. Acto seguido, a Rivelino, turbado por el despropósito, le falló la mira, y Zaire soportó el marcador hasta el final del martirio. El 3-0, por cierto, bastaba a Brasil para clasificar a la segunda ronda del torneo sin depender de azares.

A Mobutu, relatan sus biógrafos, ni siquiera le gustaba el fútbol.

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