La reinvención del All Star: otro éxito de la NBA

La imagen de Stephen Curry tumbándose en el suelo para facilitar el mate de Giannis Antetokounmpo el año pasado en Nueva Orleans fue el punto de inflexión para la NBA. Algo había que hacer para revitalizar un partido que en los últimos años había emprendido una deriva preocupante. 345,5 puntos de media anotados en las ediciones anteriores. O lo que es lo mismo, un promedio anotador de más de 170 tantos por cada equipo. El Partido de las Estrellas nunca fue sinónimo de competitividad, pero es cierto que en los últimos tiempos la fiesta se había convertido en una comedia de tintes bochornosos para la Liga. Los piques de antaño en los finales apretados habían dado paso a una pachanga cada vez más complicada de vender y defender.

Antes de los concursos del sábado, en un ejercicio de sana transparencia, el comisionado Adam Silver explicó cómo el tradicional formato Este-Oeste dejó lugar a este nuevo modelo urdido por Chris Paul como presidente de la Asociación de Jugadores. Los grandes protagonistas eran los primeros interesados en mejorar el evento. La relación es simple, cuanto mejor le vaya a la NBA mejor les irá a ellos como colectivo. No se tocó el sistema de elección de jugadores. Si todo lo demás. El más votado de cada Conferencia pasó a convertirse en capitán de un equipo que configuraría como en el patio de colegio: a pares y nones. Pese a que el esperado draft finalmente no se retransmitió (parece que en 2019 sí podremos seguirlo en directo), la expectativa de medios de comunicación y aficionados se multiplicó en las últimas semanas. Más noticias, más debate. Faltaba la prueba definitiva. Un examen superado con un éxito rotundo. Los reparos iniciales quedaron pronto atrás. Con LeBron James, símbolo intergeneracional y máximo referente de la Liga en los últimos 15 años, como guía, el partido ganó en defensa, competitividad, intensidad y emoción. En un año hemos pasado de ver a Curry tumbarse ante la llegada de Giannis a que este no pudiese siquiera lanzar a canasta en la última posesión para forzar la prórroga. Bendita resurrección.

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