El Atleti también tiene tridente

ATLÉTICO 2-0 ATHLETIC

El Atleti también tiene tridente

Gameiro, Costa y Griezmann celebran un gol ante el Athletic.

GABRIEL BOUYS

AFP

Solucionó su partido ante el Athletic en el segundo tiempo con goles de Gameiro y Diego Costa cuando juntó en el campo a ambos con Griezmann.

Madrid

El Atleti también tiene tridente, Griezmann, Gameiro, Costa, y no se va a cansar de perseguir al Barça. Los del Cholo son la gota malaya y su plic, plic, plic incansable. Ayer ganó fácil a un Athletic que estrenaba el Wanda Metropolitano y se perdió en su hierba. Y eso que, al inicio, había levantado Ziganda una frontera de hombres para intentar retener ese tsunami que siempre es Griezmann cuando se enfrenta al Athletic. Cómodamente dominó el Atlético el principio con su presión asfixiante y esa zancada pulveriza líneas que tiene Thomas, mientras en el Wanda Metropolitano atronaba el himno a capella. Lo sesgó el árbitro con un gesto que no hizo: llevarse el silbato a la boca para pitar penalti en una caída de Costa en el área, derribado por Núñez con el cuerpo. Pasan las jornadas y sigue el Atleti sin saber qué se siente cuando te pitan un penalti a favor. La última vez queda tan lejos, a una temporada de distancia, que parece otra vida

Si al Athletic le sobraba la portería, era incapaz de llegar a ella, en el Atlético los focos eran para los centrales, Giménez-Lucas, que habían sentado a Godín, la pareja del mañana ya está aquí hoy. Con ellos, no hay titubeos en la defensa por arriba, no hay lagunas por debajo. Sus piernas son ladrillos y contra ellas se estampa cada intento rival. Si Lucas es la fiabilidad absoluta, Giménez a su lado prensa el cemento. En la primera parte todo lo que pasó en el partido sucedió a su alrededor. Lucas se llevaba el balón y los aplausos con una arrancada, todo potencia, ante Lekue. Giménez casi les pone el goool en la boca, al lanzarse a golpear una volea como sólo él lo hace: con el alma, aunque golpee con la pierna. La cruzó demasiado. Se fue fuera. Tardaría el Atleti en volver a pisar el área de Kepa.

La primera vez que Williams logró alcanzar la de Oblak pudo pedir penalti en lo que fue un choque bota con bota con Lucas. Acabarían los dos por los suelos, entre una nube de reflex y gestos de dolor. Durante unos instantes, Godín, iba a entrar en el campo. Pero Lucas ha salido de su costilla, es de acero. Se probó y se quedó. No dejaría de sumar golpazos, con Lekue, con Williams, que encajaba como si fuesen caricias. 

El partido era un Atlético-Athletic. Roces, contacto, jugadores por los suelos. Una caída de Costa volvió a cambiar el aire, el himno por silbidos que pedían penalti. Al Atleti, impecable ahogando la salida de balón del Athletic, evitando que encontraran a Williams, le faltaba contundencia para superar esa última línea de hombres de Ziganda. El Athletic, a lomos de un Williams infatigable, regresó a la caseta sudoroso, pero sin heridas.

En el reposo de la caseta, los golpes pudieron con Lucas. Al regresar el partido, Koke se quitaba la C de capitán del brazo para dársela a Godín. En el 51’ Kepa probaba sus guantes para atrapar una volea centrada de Costa, una vez que el de Lagarto logró despistar a Núñez y Lekue. El partido se siguió espesando, con más jugadores por los suelos que el balón. Ese partido que había empezado eléctrico había virado a tostón. La efervescencia con la que regresó Costa apaciguada, Griezmann intermitente, lejos del área, el Athletic a cada minuto mejor. Simeone trató de cambiarlo desde el banquillo: Gameiro por Koke. Una declaración de intenciones. Iba a por el partido.

Lo que había empezado eléctrico y bajó a tostón, lo animó Oblak, con una maravilla con los pies. Sí: porque se equivocó en una salida y resolvió con un par de regates que hipnotizaron a Iturraspe y San José: cuando quisieron regresar al partido, Saúl les había robado un balón que Griezmann regaló a Gameiro para el gol. Con Costa no se había encontrado el francés en todo el partido. Con Gameiro, un instante basta. Simeone ya tenía lo que quería. Su 1-0. Ahora, Gabi al campo y que pasara el tiempo. Pero Gameiro quería más. En diciembre parecía desahuciado, en febrero ha recuperado el aire del Sevilla. Cada partido va a más.

Su salida logró eso que al Atleti le faltaba, la contundencia, la punta de velocidad en el ataque que le faltaba, que Costa y Griezmann terminaran de mezclar. Minutos después de que Godín despejara en el área como hace quince días no le hubieran roto la cara, y tres dientes, encontró Gameiro a Costa con un pase estratosférico allí donde el hispano-brasileño no perdona. Latigazo con la pierna, 2-0 y una ovación a Griezmann en el saque de un córner. Se viven tiempos felices en el Metropolitano mientras se escucha ese plic, plic, plic que puede terminar ahogando al Barça.

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