'Un juego llamado esperanza', el fútbol que llega al alma

Barcelona

'Un juego llamado esperanza', el fútbol que llega al alma

'Un juego llamado esperanza',
el fútbol que llega al alma

GORKA LEIZA

DIARIO AS

La Fundació del Barça mediante el proyecto FutbolNet ayuda a más de un millón de niños. Este documental narrado por cinco periodistas no deja indiferente.

Barcelona

Imaginen por un momento que el fútbol pudiera volver a sus orígenes y no ser más que un juego que sirviera para unir más que para dividir. Que más allá de rivalidades, banderas, equipos y fuera un lugar de encuentro que hiciera mejor la vida a los demás. Para imaginar esto hay que alejarse de los grandes estadios, de las competiciones que mueven millones y de los ídolos de masas. Hay que viajar a los barrios más desfavorecidos, a los países más pobres, a las zonas de conflicto. Todos ellos son lugares en los que la belleza está en los pequeños detalles. Todos ellos son historias que se explican a la perfección en el sensacional documental “Un juego llamado esperanza”, producido por la Fundació del FC Barcelona.

En este documental cinco reconocidos periodistas (Martín Caparrós, Santiago Roncagliolo, John Carlin, Laura Restrepo y Juan Cruz) viajan por todo el mundo para comprobar como el fútbol puede ser la herramienta que permita hacer mejor la vida de niños y niñas que están en claro riesgo de exclusión. El programa de la Fundació del Barça FutbolNet se aplica en 50 países y de él se aprovechan más de un millón de niños gracias al trabajo de monitores locales, entrenadores y educadores que son verdaderos ángeles de la guarda.

Dirigido por Jorge Martínez, el documental empieza en Senegal, donde Martín Caparrós nos presenta a una niña que ha perdido a su padre y que a sus 14 años ejerce de madre para todos sus hermanos más pequeños. Su vida, por mucho que cargue una mochila de Frozen a sus espaldas, es la de un adulto. Sólo tiene un momento a la semana para volver a ser una criatura: cuando juega a fútbol.

Un caso parecido al de otra niña, ésta en Bangladesh, donde John Carlin nos descubre como en un país musulmán el fútbol puede ser un elemento integrador para la igualdad entre hombres y mujeres. Esta chica es el orgullo de un padre que conduce un rickshaw cargado con sacos de patatas. No menos impactante es la historia que narra Santiago Roncagliolo desde una de las favelas más peligrosas de Rio de Janeiro. Allí, donde los niños son reclutados por las bandas de narcotraficantes que les ponen un Kalasnikov en las manos antes de que se conviertan en adolescentes y la policía entra a tiros dos veces por semanas, el centro deportivo donde se imparte el programa FutbolNet se ha convertido en el territorio común sin armas. Un lugar donde las armas se cambian por balones para salir de un ambiente de violencia. El padre del niño protagonista de la historia, un hombre con cuatro balas en el cuerpo es el cicerone de esta impresionante historia que nos evoca la de otra niña siria, refugiada en la isla de Lesbos. Allí, después de haberse jugado la vida, esta joven explica a Laura Restrepo como el fútbol es la más potente de las religiones y si no salva vidas, sí que hace que la existencia sea más soportable mientras llora recordando al pequeño Aylan, con el que jugaba en las playas de Turquía mientras esperaba turno para huir de la guerra que asola la otra orilla del Mediterraneo.

Pero no todas las historias suceden en lugares remotos, en Barcelona, Pablo, afectado por el síndrome de Betten, una extraña enfermedad neurodegenerativa, ha descubierto como el programa FutbolNet le ayuda a integrarse en la sociedad en una historia que relata un Juan Cruz realmente impactado por la capacidad de superación de un chaval que se llevó la mejor ovación de la noche en el teatro Romea donde se estrenó el reportaje.

Esta inmensa actividad que humaniza a una entidad gigantesca como el Barcelona es posible gracias a que desde el año 2011 los jugadores profesionales del club ceden el uno por ciento de su salario a fines solidarios, mientras que la entidad destina el 0.7% de su presupuesto a fines sociales. Al lado de estas ayudas, el Barcelona cuenta con compañeros de viaje reconocidos como la Fundación Stavros Niarchos, ACNUR, Cruz Roja o UNICEF. Entre todos logran que, por una vez, el futbol tenga alma y pase a ser un juego llamado esperanza.

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