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Se fue un loco entrañable

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La noticia me agarró por sorpresa. Yo me lo había cruzado en el bingo y me dijo que lo operaban esta semana. No supo explicarme, pero entendí que era un aneurisma. “Quédate tranquilo, es parecido a lo que me hicieron a mí”, le dije. Quedé pendiente para llamarlo. Y me enteré a través de Clarín de que estaba grave. Llamé a Ribolzi, un amigo común, para ir a verlo. Pero ya era tarde. Me quedé helado. Empecé a recordar nuestros tiempos en el Atlético. Yo lo conocía antes porque fui muy fanático de Racing. Y en 1966, cuando lo ganan todo y Panadero era ídolo, yo tenía 15 años. En el Atlético, me hice muy amigo suyo porque vivíamos con varios argentinos en la Avenida del Mediterráneo. Pero a los seis meses de llegar yo, en Racing lo volvieron loco y se volvió a Argentina.

Recuerdo la Intercontinental de 1967 entre Racing y Celtic. El desempate se jugó en Montevideo y ganó la Academia. Se pegaron tanto que lo nombraron la Batalla de Montevideo. Cuando nos tocó enfrentarnos al Celtic con el Atlético, los escoceses quisieron revancha. Fue una guerra. Ellos seguían enfurecidos y, como en el Atlético jugaba Panadero y varios argentinos, buscaron venganza. Fue la Batalla de Glasgow. Terminamos con tres expulsados, también Panadero. Cuando regresé a Buenos Aires me sume al grupo de fútbol con Panadero y nos juntábamos los jueves a tomar café. Panadero era bonachón, de barrio, aunque muy calentón. Y gran amigo de no defraudar. Algunas anécdotas me las guardo. Es una pérdida muy dolorosa. Quiero mandarle un gran abrazo a su familia. Se fue un tipo bárbaro.

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