Orinar desde el trampolín

Fichen a Griezmann ya. En enero, aunque no pueda jugar la Champions. Y viviremos más tranquilos. Una vez has derramado la leche no hay manera de volverla a meter en el cuenco. La torpeza del Barcelona reconociendo lo que todos los equipos hacen (empezando por el Atlético de Madrid) es palmaria. Una entidad que maneja esta temporada un presupuesto de 700 millones de euros no puede actuar como el novato de la clase y cometer fallos de primero de mercado como el de retransmitir para todo el mundo el acoso (consentido) a la estrella del equipo que te persigue en la tabla de LaLiga. Y si ese fuera el primer desliz, pues aún tendría una defensa, pero es que el Barça es un sospechoso habitual en eso de orinarse en la piscina desde el trampolín a la vista del público. Cuando Amor reconoció que se estaba hablando con Griezmann no hacía ni diez días que el centrocampista brasileño Arthur del Gremio se fotografiaba en un restaurante al lado de Robert vestido de blaugrana.

Visto lo visto, aquí ya no se discute la moralidad de los equipos, porque nadie está libre de culpa. Lo punible es la incompetencia comunicativa que no le deja más salida al Atlético que denunciar al Barcelona.