REAL MADRID 87 - BARCELONA 75

El Madrid coge aire y deja al Barça con la soga al cuello

Los blancos ganan un Clásico por la supervivencia. Doncic, el mejor, embocó un triple desde unos 24 metros. Muy bien Felipe Reyes. El Barça desapareció en el tercer cuarto.

Madrid
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Doncic, Reyes y Taylor.
JuanJo-Martin EFE

El Clásico por la supervivencia deja al Madrid vivito y coleando y al Barça herido con mal pronóstico. Solo una segunda vuelta a lo campeón puede salvarle. El Madrid mandó. Reyes y Thompkins se crecieron en el juego interior para aliviar la falta de personal y el Real circuló bien el balón. Repartió hasta 21 asistencias y sus tiradores acertaron tras el pase extra: 13 triples frente a un 4 de 20 del enemigo. Números que mandaron al Barça al abismo. El suelo se abrió bajo sus pies y por la fuerza de Doncic, de nuevo el mejor: 16 puntos, 6 rebotes y 7 asistencias para 26 de valoración y un triple desde unos 24 metros del que Llull se sintió orgulloso.

No es igual chochar por un título que por sobrevivir. Y el arranque tuvo más de aquellos playoff de antaño por no bajar que de duelo europeo en la cumbre. Mandaban las defensas y los brazos encogidos, salvo el de Campazzo, que firmó los ocho primeros puntos blancos. Tavares taponaba a Seraphin y este se alejaba del aro para coger aire con tiritos cómodos.

Un Clásico de tintes grises que ganó color en el segundo cuarto, bajo la batuta de Doncic (8 puntos, 5 asistencias y 15 de valoración entonces), la fiereza ofensiva de Carroll para embestir a Pau Ribas y la enorme labor de Reyes en la pintura (8 y 7 rebotes en aquel tramo). Cuando la brecha era de nueve puntos (40-31), un tiempo muerto acudió al rescate del Barça y la cosió. Mientras unos reaccionaban otros se paraban. La sucesión de pérdidas y los errores de Thompkins en los triples liberados hicieron que la tortilla local se desparramara fuera de la sartén. Casi tres minutos sin anotar pusieron a los azulgranas a tiro de dos: 40-38.

Una vida extra que los de Sito Alonso desperdiciaron. En el tercer acto, Campazzo volvió a imponerse y Thompkins, más intenso que de costumbre en defensa (cuatro robos), chocó con su par para meterla bajo el tablero y añadió un triple. Y luego apiló otro Rudy. Mandaba Doncic y ya junto a Facu el balón fluía como el agua de un río. El resultado, dos triples más de Taylor y otro de Doncic para cerrar el cuarto. Y no uno cualquiera

Lo embocó limpio desde unos 24 metros, casi desde debajo de su propia cesta. Al más puro estilo Llull, pero tres pasitos más atrás. ‘El Increíble’ estará orgulloso de su discípulo. Cuando aún lucía en el Palacio el resplandor de los fuegos artificiales por su ‘hoyo en uno’, Doncic volvió a disparar para abrir el cuarto periodo. Esta vez a quemarropa, un mate y fata extra.

El Madrid toco los 21 puntos (75-54) y, ya herido de gravedad, el Barça empujó con todo, a la desesperada. Quería morir matando. Navarro forzó la eliminación de Campazzo (falta sacada y técnica a cada uno que eliminaba al argentino) y Oriola se vistió de gladiador y dispuso de un triple para el 80-74. Falló.

El Madrid respira. Bocanada de oxígeno puro que le mantiene en la carrera por el playoff (6-6) y deja al Barça al borde del KO. Necesita ganar 12 de sus próximos 18 encuentros y su balance es 4 victorias y 8 derrotas. Clásico blanco, el de la supervivencia.