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INTERNACIONAL

El jolgorio del Zimbabwe de Mugabe para recibir a Brasil

En 2010, previo al Mundial de Sudáfrica, la selección de fútbol de Zimbabwe (entonces, en el 111° del ranking FIFA) jugó un amistoso ante la pentacampeona del mundo.

Ciudad de MéxicoActualizado a
Mugabe, con la Copa del Mundo de la FIFA, en noviembre de 2009.
PHILIMON BULAWAYOREUTERS

En 1980, Robert Mugabe ascendió a la oficina del primer ministro de Zimbabwe. Su victoria electoral derrocó al gobierno racista, inspirado en el apartheid sudafricano, dirigido por Ian Smith; una herencia colonial británica tras la independencia de facto del territorio de Rodesia del Sur. El nombramiento de Mugabe legitimó al nuevo país ante los ojos del mundo; la ONU abrió sus puertas, las potencias ofrecieron su reconocimiento unánime, aún cuando China y Corea del Norte habían sido acusadas de auspiciar la guerrilla liderada por Mugabe para enfrentar al régimen segregacionista. Rodesia se convirtió Zimbabwe. Y el Mugabe líder degeneró en el Mugabe autoritario; el que desató la hiperinflación, defenestrado por Amnistía Internacional y Human Right Watch, el que expropió las granjas de los ganaderos blancos que constituían el engranaje económico de la antigua Rodeisa; el que gobernaba con puño de hierro un país que un día fue 'la joya de África' y terminó en el sótano del Índice de Desarrollo Humano. Hoy, después de 37 años en el poder, Robert Mugabe, el mandatario más longevo del mundo, no es más el presidente de Zimbabwe.

El fútbol siempre es un catalizador de emociones sociales y un salvoconducto político. En el Zimbabwe de Mugabe, no fue la excepción. El 2 de junio de 2010, a una semana del Mundial de Sudáfrica, las puertas del Estadio Nacional de Harare se abrieron para recibir a la Brasil de Dunga. Robinho, Kaká, Maicon, Thiago Silva. "Nunca creí que fuera posible. Nos sentimos honrados de tener a Brasil en nuestra tierra", aseguró una madre zimbabuense en un reportaje de The Guardian que indagó en el contexto del "partido del siglo" para la golpeada nación. No obstante, para la opinión pública mundial el encuentro causó suspicacias. En aquel entonces, los niveles de desempleo en Zimbabwe superaban el 90% y la prensa internacional apuntó que la 'Canarinha' había recibido 1.8 millones de dólares para asistir al encuentro. El ministro de turismo del país desestimó los reportes. Los asistentes debieron pagar, al menos, 10 dólares estadounidenses (moneda oficial tras la brutal devaluación del dólar zimbabuense, que llegó a producir billetes de 50 billones), una cifra que triplicaba el salario mínimo. Los juicios no minaron la algarabía del pueblo: "Es un buen uso del dinero público porque otros países huían de nuestro país. Esto mejora nuestra imagen", declaró otra fuente a The Guardian en la misma pieza. Brasil era la primera selección del ranking FIFA; Zimbabwe, la 111°. 

El partido fue presenciado por Mugabe y toda su corte, incluido el Ministro de Deportes, David Coltart, y el vicepresidente Morgan Tsvangirai, quien bajó al campo de juego previo al silbatazo inicial y recibió el calor de la grada. El jolgorio no dependía del resultado. "El país ha anotado a lo grande. Si perdemos 2-0 o 3-0, no importa; que Brasil juegue aquí, ya es una victoria para nosotros", relató otro aficionado a la BBC. Dicho y hecho. La 'Verde-amarela' apaleó a los 'Guerreros' 0-3. Sin embargo, hasta el minuto 40, el trámite del partido no tuvo un nombre propio. Karuru se encontró una pelota en el corazón del área y, con Julio César en el suelo, golpeó para hacer explotar el travesaño. El Estadio Nacional pareció saltar por los aires con el bombazo. Y llegó el obús de Bastos que estalló en la escuadra derecha. Roberto Carlos lo habría firmado. Robinho firmó el segundo con una definición de bailarín tras un pase a profundidad impulsado por Maicon y Elano, ya en la segunda mitad, culminó una sinfonía de 'jogo-bonito', una rareza en la era-Dunga: taconazo de Julio Baptista para forzar la pared con Dani Alves y punto final de Elano a portería abierta. 

Henrietta Lushwaya, presidenta de la Asociación de Fútbol de Zimbabwe en aquel entonces (expulsada meses después, acusada de "insubordinación") confió en que el partido era el nacimiento de una nueva era para el fútbol zimbabuense. No sucedió. 'Los Guerreros' alcanzaron la Copa Africana de 2017, en Gabón, pero solo obtuvieron un punto. Y, además, ni siquiera participaron en la clasificación para el Mundial de Rusia por una sanción de FIFA por impagos. Cuando acabó el partido aquel 2 de junio, Dunga apagó la luz de la fiesta y Zimbabwe volvió a su realidad. La de Mugabe. La que acabó el 21 de noviembre de 2017 después de 37 años.

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