Los Raiders siempre estarán ligados a la afición latina

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Los Raiders siempre estarán ligados a la afición latina

Los Raiders siempre estarán ligados a la afición latina

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La corta pero exitosa estadía del equipo en Los Ángeles y dos iconos con raíces mexicanas tatuaron el negro y plata entre los aficionados hispanos.

Ciudad de México

Los aficionados de los Oakland Raiders se identifican a sí mismos como “Raider Nation”, y tiene mucho sentido. No son un grupo homogéneo, sino una mezcla de personalidades y, desde luego, naciones.

Y como es común en California, los hispanos ocupan un buen porcentaje de la “Raider Nation”, por muchas más razones que la geografía.

Los inmigrantes latinos han sido, y siguen siendo en su mayoría, un grupo marginado en Estados Unidos, como también lo fueron los Raiders durante sus épocas de gloria al hacerle honor a su nombre y jugar al límite de la legalidad. La empatía fue casi automática.

Conforme llegaron los éxitos, la popularidad aumentó, y en California no es difícil encontrar hispanos, ¿cierto?

Primero con el programa Bracero de la década de los 40 _ en donde Estados Unidos extendió permisos de trabajo a hispanos para trabajar en el campo ante la falta de personal a causa de la Segunda Guerra Mundial _, y después con el auge migratorio de los 70, muchos latinoamericanos llegaron a California. ¿Y adivinen qué equipo llegó a cinco finales de Conferencia y ganó un Super Bowl entre 1972 y 1979? Exactamente, los Raiders.

Eso fue más que suficiente para ganarse el corazón de muchos en California. Pero fue la década de 1980 la que definió que gran parte de los hispanos, especialmente en Estados Unidos, tengan tatuado (algunos literalmente) el negro y plata en la piel.

Tom Flores, hijo de un inmigrante del estado de Durango, tomó las riendas de los Raiders en 1979, después de que el legendario coach John Madden optara por el retiro.

Flores, quien ya había ganado un título como quarterback suplente de Len Dawson, de los Chiefs, en el Super Bowl V, y tenía otro anillo de campeón como entrenador asistente con los Raiders en el Super Bowl XI, fue nombrado entrenador en jefe justo en el momento preciso.

Un año después de tomar las riendas, el equipo su mudo a Los Ángeles con la intención de expandir su base de aficionados latinos. Ningún mejor lugar que un lugar con el 47% de su población de origen hispana y unos 4.7 millones de mexicanos.

El hecho de jugar en el Coliseo, cerca de East LA, donde se concentra la mayor parte de la población hispana de Los Ángeles, no fue precisamente perjudicial.

Y Flores no los decepcionó. De la mano de Jim Plunkett, también de raíces mexicanas, Flores ganó dos campeonatos con los Raiders en Los Ángeles (Super Bowl XV contra Filadelfia y XVIII contra Redskins). Los últimos dos títulos de una laureada franquicia que solo ha jugado tres finales de Conferencia desde entonces.

Después de conquistar al mercado hispano en Los Ángeles, los Raiders volvieron en 1995 a sus orígenes, Oakland, que para entonces ya había más que triplicado su población latina del 6.5% en 1960 (año de fundación del equipo) al 21.9% en 2000, de acuerdo con censos oficiales del condado de Alameda.

Es por eso que cuando Derek Carr declaró esta semana que el juego de domingo será como un partido de local para los Raiders, no está del todo equivocado.

 

 

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