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Una mascota con poco tirón

Una mascota con poco tirón

Alemania sin Dirk. Nos vamos a jugar los cuartos contra ellos. Sin el mitíco jugador de los Mavs, los germanos se han reinventado. Y aunque pueda sonar a invención, juro que esta historia es real. Al acabar el Mundial de 2006 nos los encontramos en un pub de madrugada. Pedimos hacernos una foto con ­Nowitzki y éste accedió, pero con peaje. El resto de su selección pedían su “momento de gloria” y no salimos del pub japonés hasta hacernos una instantánea con cada uno de ellos. Ni que decir tiene que la foto con Dirk la conservamos y de las de los suplentes nunca más se supo.

Balkon. Los jugadores pasan la vida entre el pabellón y el hotel. Es muy difícil escapar de esa rutina, pero gracias al Balkon se consigue. Balkon es un bar frente al hotel de concentración de todos los equipos. Los eslovenos son asiduos. Los jóvenes de esas selección han probado la pipa de agua mientras cenaban hamburguesas. No he visto a Doncic, pero escuché a un jugador bromear con un camarero: si sirvieran cerveza vendrían más. Doy fe de que siguen sin servirla.

La mascota. La de este campeonato se llama Sam Dunk. Un juego de palabras con slam dunk que es como se denomina hacer un mate en idioma NBA. Y ahí se acaba el juego que da. El juego y el tirón. La pobre se vende menos en las tiendas que un polvorón en el desierto. Ambos se hacen bola. De hecho, no recuerdo una mascota que haya sido muy aclamada. La de Eslovenia 2013 parecía una lechuga gigante y la de Francia 2015 era presuntamente un muñeco con cabeza de balón en llamas. Si las tres mascotas dieran una fiesta con todos sus compradores no llenarían un pequeño pabellón. Es más, me temo que sus compradores cabrían casi en un garaje.

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