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Tercer tiempo

Tercer tiempo

Abstracción kafkiana

Este es el momento de la verdad: o es fútbol o es negocio. Es negocio, hasta que el balón empieza a bailar en los pies de los jugadores. Entonces se nubla este espectáculo kafkiano lleno de la ansiedad de las cifras. Ahora discuten LaLiga, el PSG, el Barça, la UEFA…, todos en busca de la reivindicación de sus intereses. En el medio, un futbolista excepcional que, como ser humano pendiente de su vanidad natural, oxigenada por su calidad, quiere ser más aún, el primero en todo, y no se conforma con estar detrás del futbolista mejor que hay en todas las competiciones del mundo.

Momento verdadero

En cierto modo, todas esas cosas tan concretas se convierten, en el fútbol, en abstracciones kafkianas, porque ni el dinero es nada si lo miras bien ni nada es tan importante como el juego a la hora de comparar a éste con aquel. En el Real-Barcelona que se jugó en Miami mirabas a Bale y mirabas a Asensio y te parecía que quien había ganado los galones del fútbol era el español, mientras que al galés cansado se le había roto la ilusión de ser el más grande en todo, ya que fue el más grande en el dinero. Y al lado de Messi, en el Barça, ¿a quién pondrías que le hiciera sombra?

La vida va en serio

Neymar quiere ser el número uno; como le dijo Piqué (trujamán: buena palabra le adjudicó Relaño), qué vas a hacer si delante tienes al mejor futbolista del mundo. ¿Cabeza de ratón en el PSG? Ya lo dijimos aquí el otro día: si amenaza con irse, que se vaya; no hay peor pareja que aquella que ya duda entre seguir contigo o irse con otro. Ahora para Neymar la vida empieza a ser seria, y eso duele, hace que el ceño se frunza, te enfadas (él se enfadó, con Semedo) y ya no almuerzas a gusto. Para sentirte el mejor entre todos está Caperucita. A ella tendría que haberle preguntado Neymar antes de hacerse un lío de egos revueltos que desembocará en el PSG.

Juicio de pitonisa

Cambiar de equipo no garantiza el cambio de criterio de la pitonisa. Y la Caperucita del fútbol seguirá diciéndole lo mismo a Neymar y a otros aspirantes al cetro que fue de Di Stéfano, de Kubala, de Cruyff, de Maradona, de los Ronaldo. Y Caperucita no da esos adjetivos gratis. Hay que ganarlos con otros: Messi, como Cristiano, han tenido y tienen una equipación humana y profesional adecuada a sus aptitudes, gente que los mima. Messi es el primero sin haberlo arrancado en el contrato, algo que Neymar se ha propuesto hacer. El cansancio del largo culebrón ya lleva al chiste. O al pleito.

El fútbol desvelado

Primer Clásico de la temporada. A una hora golfa entre nosotros, a la hora adecuada en América. Lo vi en diferido. A los aficionados la incertidumbre nos desvela. A las cinco me desperté y miré AS: 2-3, ganó el Barça. Los aficionados nos despertamos con esas incertidumbres. Los fichajes, o las renovaciones, no quitan tanto el sueño como los resultados. Uno es aficionado al fútbol, ahí está la verdadera trama de un culé, de un madridista, de un atlético, de cualquiera. Y cuando le va bien a tu equipo es como si hubieran jugado todavía Di Stéfano, Kubala o Ben Barek.

La pasión en Miami

Gente de toda América Latina para ver un amistoso. Los futbolistas grandes (faltó Cristiano: es una lástima, tiene que declarar hoy en Madrid, el dinero no hace la felicidad) se empeñaron en que valiera la pena; hubo buen fútbol; al Barça, que es mi equipo, lo vi bien entrenado, y es que me gusta mucho Valverde; a los dos grupos los encontraron los expertos flojos en defensa. También puede pasar que estén bien los delanteros. Neymar dio pases muy buenos. Kovacevic se atrevió todo el tiempo. Ya nombré a Asensio, estupenda su tranquilidad. Cillessen estrenó bien su crónica de los Clásicos. Me gustó ver el partido. Viva el fútbol. Me dan tristeza las cifras.

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