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Las múltiples dudas que presenta Rusia a 11 meses del Mundial

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Las múltiples dudas que presenta Rusia a 11 meses del Mundial

Rusia

Sólo cuatro de los 12 estadios están terminados. Y los problemas van desde la lentitud en los traslados y aeropuertos. Sólo una cosa está garantizada: la seguridad.

Moscú

Moscú nos recibió con el día más frío de la primavera en 136 años. Seis grados, cielos amenazantes y mucho trámite, demasiado, en el seguro aeropuerto de Sheremetievo. Una recepción mejor que la que tuvo Diego Sáez, periodista de la radio ADN de Chile: el taxi le cobró en rublos el equivalente a 800 euros por el viaje al centro de la ciudad.

Pero incluso ahí los rusos mostraron lo mejor de esta primera prueba: la seguridad. Los agentes le invitaron al cuartel, lo carearon con el taxista, le grabaron y al día siguiente apareció en todos los diarios y noticieros de televisión. Un mensaje de eficiencia y honestidad para todo el mundo que, de paso, ayudó para que muchos rusos supieran que la Copa Confederaciones se está jugando en casa.

Rusia tiene un objetivo prioritario: mostrarse como un país seguro de cara a la Copa del Mundo del próximo año. Parece no preocuparles el atraso de las obras, los líos para los traslados, la escasez de infraestructura turística o que los taxistas siempre se quieran pasar de listos. El objetivo es erradicar el miedo al terrorismo, acabar con los mitos de la mafia rusa y anular la presencia de los ultras.

Los taxis, mejor dicho, los taxistas son un problema, pero existe Uber. Y el idioma también lo es. No tanto en Moscú o San Petersburgo, pero sí en Kazán, donde encontrar alguien que hable inglés motiva a comprar inmediatamente un billete de la lotería. En los aeropuertos manda el ruso con alfabeto cirílico y los mesones de información o ayuda sencillamente no existen.

Los cuatro estadios que se han usado en la Copa Confederaciones, Spartak de Moscú, San Petersburgo, Sochi y Kazán, son magníficos, pero los ocho restantes no están terminados. Samara promete un estadio imponente y magnífico para 63 mil espectadores. El problema es que no saben si lo terminarán a tiempo, aunque el primer ministro Dmitri Medvedev dijo que estará en marzo próximo. Han debido emplear dos mil trabajadores extras para intentar dar con el plazo, que era a fines del presente año.

El apurar las obras conlleva otros problemas. En las obras del Zenith de San Petersburgo descubrieron el empleo de norcoreanos ilegales. Con ello aumentó la fiscalización y hubo críticas internacionales.

El emblemático estadio Luzhniki, escenario de la final, luce rodeado por un armatoste de andamios y grúas, y cientos de trabajadores que entregan una señal clara: están fuera de los tiempos y remodelan con apuro extremo.

Hay que mejorar el VAR

La idea del VAR, como todo lo que tenga que ver con lograr que el mundo sea un lugar más justo donde vivir, es noble, loable y aplaudible. Pero el videojuez necesita muchísimos arreglos. El partido Chile vs Camerún fue un ejemplo claro: un gol anulado tres minutos después de convertido, con coreografía de celebración desperdiciada, y otro en donde los protagonistas debieron esperar dos minutos antes de gritar y abrazarse.

La FIFA, a través de su presidente Gianni Infantino, ha dicho que es lo mejor que ha pasado en la historia del fútbol. Los jugadores, en tanto, creen que mata la esencia del juego. ¿Sugerencias? Que sea el propio réferi quien decida y no actúe por las órdenes de los señores de la cabina oscura. Que se advierta al público del estadio cuál es la jugada cuestionada. Que el veredicto aparezca en la pantalla o el juez la comunique por altavoz al estilo NFL. Y, que sea el equipo rival quién reclame o desafíe la jugada, como es en el tenis o en el fútbol americano. Y reciba castigo si el reclamo no es adecuado.

Las entradas más caras de la historia

Uno de los puntos que ha quedado en evidencia durante la Copa Confederaciones. Que solo se haya vendido el 40 por ciento de los boletos disponibles deja en evidencia que los valores de las entradas son prohibitivos para los rusos. Y en la Copa del Mundo el panorama no será diferente. Durante la fase de grupos, el boleto más económico costará 95 euros y desde ahí en adelante irán subiendo: 105 euros en octavos de final; 160 en cuartos; 270 en semifinales y tres categorías para la final en el estadio Luzhniki: 440, 690 y 1.000.

Los casi siete mil fanáticos chilenos, sumados a los tres mil alemanes y portugueses presentes, han ayudado a darle un ambiente de Copa del Mundo a un torneo que muestra muchos vacíos en las tribunas y poca onda futbolera.

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