Balonmano

Hagi Toure, el modelo a seguir para sus 22 hermanos

Juega al baloncesto profesional en Inglaterra, ha sido portero de fútbol, y en balonmano playa es campeón de Europa y mejor defensor mundial

Madrid
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Hagi Toure.

El domingo ganó el Campeonato de Europa con España en Croacia, y el lunes llegó a Madrid. Toda la Selección desapareció el martes por la mañana, menos Hagi Toure (Barcelona, 1988), que este miércoles regresa a Leicester, donde trabaja y juega al baloncesto en un equipo de primera división. "Cuando me convocó España, mis compañeros me dijeron que no volviese con las manos vacías; les llevo el oro, y lo celebraremos", comenta este deportista de 2,06 metros, y de 89 kilos. al que le gustaría coger algo de peso, "pero no hay manera".

Toure ha nacido para el deporte, y lo sabe, y le gusta. "Todos en mi familia hacemos deporte; bueno, la mayoría. Al más alto, por ejemplo, le gustan más los estudios, pero es que siendo 23 hermanos es normal que haya de todo", comenta Hagi, el segundo de todos, "aunque de chicos, el primogénito".

Hagi comenta que todos los hermanos son hijos del mismo padre, y de dos madres, "once y doce", y que todos se llevan bien. "Jamás en mi vida he visto una discusión de mi padre con alguna de sus dos mujeres", asegura, y lo asume con naturalidad el vivir en una familia así "aunque ahora ya los seis mayores vivimos fuera", apunta.

Con un núcleo familiar tan extensa, Hagi reconoce que le debe a su padre ser como es: "A los 10 años me envió a África, con su hermano a Senegal; fuimos seis hermanos. Y aprendimos. Yo era un chico complicado, pero allí aprendí, vi cómo vivían, la importancia de las cosas, y eso me cambio. Volví siendo otra persona".

Y él, senegalés por parte de padre, gambiano por parte de madre, nacido en Barcelona y de nacionalidad española, fue aprovechando sus condiciones físicas para despuntar en el deporte: "Me gustaba correr, pero acabé como portero de fútbol, aunque entre un amigo que le gustaba el balonmano playa, y otro que jugaba al baloncesto, entre Pineda y Calella pasé a estos deportes".

En el baloncesto, ha jugado en EBA "donde destaqué como defensor", dice, e incluso se fue a Marruecos a jugar, y de allí a Inglaterra, "con un sueldo mínimo, pero con incentivos por victorias", aunque también trabaja por horas en un taller de automóviles de lujo, y está a la espera de volver a casa, donde tiene mujer e hijo, porque dos entrenadores españoles se han interesado por él para sus equipos de la Liga inglesa.

Pero es en el balonmano donde más destaca: campeón y subcampeón de Europa, el mejor defensor del mundo, siempre en la lista de los mejores. "Mi padre siempre me dice que no sabe cómo hago para despuntar, que algo debo de hacer bien. Y lo que hago bien es que estudio a los rivales, aprendo lo bueno que hacen, y luego trato de evitar que tengan ese nivel en los partidos", sonríe satisfecho encantado de llevar cuatro años con la Selección, y eso que tiene ofertar para jugar "con Qatar y con otros países de Oriente Medio". Por ahora, lo de cambiar no le interesa; le preocupa más la educación de sus hermanos, "porque hay uno, de 15 años, que ya es tan grande como yo, pero se está perdiendo para el deporte porque no hay quien le ponga firme con responsabilidad deportiva", se duele.