Castilla: 37 años no son nada

REAL MADRID | RECUERDOS DE COPA

Castilla: 37 años no son nada

Arriba y de izquierda a derecha posan: Juanito, Castañeda, Casimiro, Bernal, Herrero y Agustín. Abajo, y en el mismo orden: Pineda, Álvarez, Cidón, Paco y Gallego.

Diario AS

El filial del Madrid rozó la gloria jugando la final de la Copa ante el Madrid en 1980 en un partido histórico. AS acudió al reencuentro.

"Es aleccionador que estos chavales hayan llegado a la final”. La frase, pronunciada por el entonces Rey don Juan Carlos, se refería a los jóvenes jugadores del Castilla, filial del Madrid, con quien se habían enfrentado en la final de la Copa de España. Un partido único en la historia del fútbol español que los cachorros blancos se habían ganado el derecho de jugar tras haber superado siete eliminatorias con equipos tan dispares como Extremadura, Alcorcón (ambos militaban en Tercera División), Racing (Segunda) y cuatro equipos de Primera: Hércules, Athletic, Real Sociedad y Sporting, por ese orden, ganándose el apodo de Matagigantes. Los tres últimos, pesos pesados del fútbol nacional en esa época. La semana pasada, casi todos los miembros de aquel sonoro equipo se volvió a reunir (faltaron Pineda, Juanito y Álvarez, autor del gol de los por entonces chavales). Muchos de sus integrantes no se veían desde hacía 37 años.

“La idea de reunirnos partió de un día que me encontré con Bernal. Ha venido mucha gente que vive fuera de Madrid, lo que demuestra la cohesión que había y que hay en este grupo”, comenta Jesús Paredes, preparador físico de aquel equipo. “Nos vimos casi todos cuando falleció el entrenador, Juanjo (en 1987, a consecuencia de un infarto de miocardio). Fuimos a León a jugar un partido amistoso. Se recuerdan las jugadas, los partidos, todo eso… Cuando un equipo triunfa es porque hay cohesión, hay afectividad, hay compañerismo, y todas esas cosas se ven al cabo del tiempo. Esa era una de las claves de este equipo. Y la ilusión y las ganas por triunfar en el fútbol. De este equipo, tres jugadores subieron al primer equipo (Agustín, Gallego y Pineda), pero casi todos jugaron en Primera”.

“El primer rival que eliminó de Primera fue el Hércules. Nos había ganado allí 4-1. Juanjo los mentalizó. En el tiempo reglamentario les ganamos 3-0, y en la prórroga metieron el cuarto (entonces los goles en campo contrario no valían el doble, como sucede ahora). Y esa remontada fue el inicio, porque nadie imaginaba que ese Hércules fuese a perder como perdió”, rememora Paredes. Balín, un veloz extremo, lo remarca: “El partido se jugó en el Bernabéu porque quiso el presidente. Había 40.000 personas. Acabó con 80.000 porque abrieron las puertas en el descanso y entró todo el mundo. Había morbo en la gente por ver qué hacía el Castilla”.

Tras superar a los alicantinos, el sorteo no fue benévolo. Les tocó el Athletic. En el Bernabéu, los rojiblancos se llevaron un 0-0 favorable a sus intereses. Pero en la vuelta, Pineda calló San Mamés con dos goles. “Ganar en San Mamés 1-2 eso fue… No nos saludó ningún futbolista del Athletic. No nos dio la mano nadie, pero el público nos hizo volver del vestuario y nos aplaudió. Aquello fue inolvidable”, recuerda Manolo Castro, el segundo capitán. Cidón, delantero de aquel equipo, también lo evoca: “Más que la final, lo que disfrutamos fueron los otros encuentros. Salir de San Mamés y que te aplaudan después de haber eliminado al Athletic…”.

Tras eliminar a los bilbaínos, les tocó la Real Sociedad, a la que también eliminaron, como al Sporting en semifinales. “Aquello fue una vivencia brutal –explica el central Espinosa–. Pero no sólo por jugar la final, sino por eliminar a la Real, por ejemplo, que en los años siguientes quedó campeona de Liga. Al Athletic, al Sporting en semifinales… Habíamos perdido 2-0 en El Molinón y en el Bernabéu le metimos cuatro a un grandísimo equipo”. Lo corrobora Castro: “Aquello fue muy especial porque nadie esperaba que pudiera ser posible que un equipo de chavales impusiera su ley. Además lo hizo de una forma muy sencilla, con ilusión y mucha calidad. No era el mejor equipo en el que yo haya jugado en el Castilla, pero sí fue un conjunto que, de alguna manera, supo plasmar todas esas cosas que se aprenden y sueñan desde que eres pequeñajo en esa casa que es el Real Madrid”.

De izquierda a derecha y de pie: Sánchez Candil, Agustín, Balín, Ramírez, Castañeda, Paco, Castro, Moreno, Herrero, Blanco y Bernal. Agachados, y en el mismo orden: Lucas, Cidón, Jesús Paredes, Gallego, Casimiro, Espinosa, Sánchez Lorenzo y Valiente (fisio).

La final. “Era un encuentro que se veía venir. Cuando se llegó a la final de Copa fue porque había gente muy comprometida. Tuvimos la mala suerte de que nos tocó el Madrid, porque si hubiese sido el Atleti seguramente le hubiéramos ganado. De hecho, me acuerdo que Luis Aragonés, antes del sorteo de semifinales, le preguntaron que a qué equipo prefería y dijo que al Madrid, con lo cual algo vería en nosotros “, explica Castañeda, capitán de aquel Castilla.

La final se jugó el 4 de junio de 1980 en un atestado Bernabéu. “Yo creo que el público tenía el corazón dividido. Por un lado me imagino que querían que ganase el Madrid para tener un título más, pero había mucha gente que se había pegado a nosotros e iba al estadio a ver al Castilla jugar”, asegura Balín, que continúa: “Ellos nos perdieron el respeto desde el minuto 1. Nosotros a ellos no pero, a ver, ellos tenían que ganar. En el túnel, antes de salir ya se les veía muy mentalizados, lanzando mensajes: ‘Vamos a por todas. Venga, vamos a salir y hay que comérselos’. Nosotros nos mirábamos como diciendo…”.

Su hermano Paco da fe: “Ojalá hubiera pasado el Atleti, porque al Atleti a lo mejor le hubiéramos ganado en la final. No es porque fueran malos, sino porque hubiéramos salido de otra manera al campo. Nos pasaron por encima. Nos ganaron bien. Estábamos todo el día entrenando con ellos y la amistad que teníamos y la manera de congeniar con ellos no era la misma que si te enfrentas a otro equipo que no era de tu cuerda. Teníamos muchos amigos en el Madrid y tener que jugar ese partido contra ellos resultaba raro”.

Para Bernal, titular en la final, “el Madrid salió con mucha marcha porque la Prensa estaba metiéndole mucha caña. Hipotéticamente decían: ‘Y si ganan los jovencitos a los papás, qué va a pasar?’ ‘¿Tienen que pasar los niños arriba?’ Salieron muy concentrados y eran mucho mejor equipo que nosotros. Quizá salimos un poco acomplejados. Yo tengo el vídeo de la final, y de vez en cuando la vuelvo a ver. ¿Que qué cambiaría? Creo que hubiéramos jugado menos alegremente de lo que lo hicimos”.

Agustín salió muy enfadado tras la derrota: “El único que no se hizo la foto de familia fui yo. Primero porque me molestó que los directivos entraran en la charla del entrenador para decir que jugásemos con tranquilidad, que era una fiesta, y el Madrid salió con el cuchillo entre los dientes. Rompí una puerta y cuando entraron los directivos les mandé al carajo. Me arrepiento de no haber jugado como deberíamos haber jugado. El Madrid jugó su partido, y nosotros fuimos muy blanditos. Cuando nos subieron a la primera plantilla, nos recibieron en la Ciudad Deportiva con el marcador reflejando el 6-1”.

Gallego no cree que lo hicieran tan mal: “Aguantamos 15 minutos, que los jugamos bastante bien, estuvimos a la altura, pero cuando recibimos el primer gol nos venimos abajo. El Madrid tenía más presión que nosotros, que todo lo que teníamos que hacer ya lo habíamos hecho. Luego conocí la mentalidad del primer equipo y para que hubiésemos ganado allí tenía que ocurrir algo muy… Probablemente nuestras vidas hubiesen estado en peligro”, dice entre risas.

Coincide Cidón: “No sé lo que nos pasó. Salimos cohibidos o con mucha responsabilidad y salió todo al revés”. Pero Castañeda es más reflexivo: “Al final te das cuenta de que el Castilla no puede ganarle al Madrid, porque entonces tienen que echar a todos. Siempre sales un poco condicionado, quieras o no, pero no hay que darle más vueltas”, dice mientras observa con una mezcla entre orgullo y nostalgia a sus viejos compañeros de vestuarios.

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