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Esa imagen de Carmena y Ramos...

Madrid tiene estas cosas: el mismo día que el Atlético despedía su casa de cincuenta años con un acto profundamente emotivo, el Madrid ganaba la Liga en Málaga y en un punto de la calle Ferraz se producía un vuelco en el PSOE que abre las puertas a no se sabe qué. El día siguiente, el Madrid ofrecía su triunfo a los vecinos desde el mismo Ayuntamiento en el que pocas horas después Puigdemont exponía su oferta de referéndum o desconexión. Madrid, en efecto, rompeolas de todas las españas. Madrid en el centro de todo, cruce de entusiasmos e inquietudes. Madrid en fiestas, con toros en Las Ventas y el fútbol en la calle.

El fútbol es un manto que amortigua todo lo demás. A muchos les parece tonto, pero a mí me gusta salvo cuando acarrea insultos. Me desagradó saber que en la celebración se colaron insultos a Piqué y mensajes a ‘los indios’ (decidme qué se siente). ¿Hace alguna falta eso? Ya sé que me van a decir que en el Camp Nou se insultó a Míchel y al Madrid, cosa igualmente desagradable. ¿Hace falta eso? Y cuando se celebra, ¿no es mejor concentrarse en la alegría propia que pensar en el contratiempo ajeno? Algún día conseguiremos quitarnos esto de encima, algún día conseguiremos que la alegría sea sólo eso, alegría sin revancha.

Por lo demás, supongo que nada puede hacer más feliz a Piqué que saber que ocupa las mentes de los madridistas. Respecto a lo que sienten los atléticos, gane o no gane el Madrid, la mejor manera de saberlo era acercarse al Manzanares el día de la despedida del viejo campo. Cada uno siente el fútbol como le parece, con o sin victoria, pero todos con el recuerdo de la mano del padre cuando te llevó la primera vez. Una vez más, prefiero quedarme con las buenas imágenes del fútbol. El último gol de Messi, más que la última frase de Piqué; la emoción tremenda de la última tarde del Calderón. Esa imagen de Carmena y Sergio Ramos. Ahí está el fútbol.