Rafael Salas y los otros valientes

Rafael Salas y los otros valientes

México

Eché de menos en la presentación de Rafael Salas algo de autocrítica. No hay duda de que él ha contribuido, desde su posición de consejero, a esta deriva sin deriva en la que ha entrado el Betis de los últimos años. Pero le alabo la valentía de querer luchar contra la mediocridad desde fuera, una vez comprobó que no se podía hacer nada desde dentro, con Haro y Catalán absolutamente enrocados. Ahí siguen los dos, saltando a un lado y otro de la dicotomía entre su escaso conocimiento del fútbol y su ya evidente ansia de poder, amparados por una burocracia y un ejército mediático cada vez más extensos y con menos escrúpulos. Esbirros que critican la posibilidad de aliarse con el accionista Manuel Castaño mientras justifican el pacto con Luis Oliver, al que antes habían llamado 'delincuente' de mil maneras posibles. ¿Vergüenza? Cero.

De la teta del Betis sigue mamando la misma estirpe, a la que cada día se suman nuevos miembros con un fenotipo común: les interesa y ha interesado el fútbol en sus vidas lo mismo que a éste que escribe le gusta el hockey sobre hielo, es decir, na-da. Los que viven ahí dentro serían capaces de contagiar su escasa preocupación por lo deportivo a Bernabéu, Beckenbauer, Cruyff y Zidane. Mira que conocí ultracompetitivo a aquel Serra Ferrer, en sus dos etapas: pues en dos días comienza ya el mallorquín a dar muestras de cierta infección. No creo sea capaz de escapar a un entorno pendiente del folclore y de cualquier 'chuminá' antes que del balón.

Entre otros oscuros asuntos, algunos que acostumbran a arrimarse por la Puerta de Cristales (o por el parking del Villamarín) dedican su tiempo, sus micrófonos, sus líneas o sus cuentas falsas y verdaderas de Twitter a cargar contra los béticos críticos. 'Exigentes' apodaron los trinconetti, como si ser exigente no fuera algo rotundamente positivo, a esos otros valientes. Rafaeles Salas anónimos que, arropados por el implacable argumento de estos lamentables siete años, anuncian, avisan y pronostican que con la gente que lo manda ahora mismo el Betis no va hacia ninguna parte. Bueno, sí, más pronto que tarde directo a un lugar que desgraciadamente conoce muy bien: la Segunda División.

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