Blanca Romero rompe estigmas a base de golpes

AS COLOR Nº256

Blanca Romero rompe estigmas a base de golpes

Blanca Romero posa en Tailandia antes de competir.

Diario AS

A sus 12 años la berciana ya es subcampeona del mundo de Muay Thai. De etnia gitana, Romero ha roto muchos prejuicios para poder practicar el deporte que ama.

“De pequeña ya me gustaba lanzar patadas y golpes sin sentido cuando jugaba. No sabía que estaba haciendo, nunca había visto nada de Muay Thai, sólo hacía algo que me gustaba”, así inicia su relato Blanca Romero. Nacida en Ponferrada, hace tan sólo 12 años, ya se ha convertido en una auténtica referencia en el Muay Thai nacional e internacional. El pasado marzo viajó con la selección española de este deporte a Bangkok (Tailandia), allí se disputaban los campeonatos del mundo. En su categoría, debido a la edad, no hay contacto en la cabeza, sólo en el cuerpo y con protecciones, prima la técnica y Blanca tiene mucha.

En poco tiempo ha sufrido un gran avance, acude todos los días al gimnasio con un único fin “quiero ser profesional. El Muay Thai es mi vida”, asegura confiada. Su tesón y calidad le hizo ganar la medalla de plata en Tailandia. Blanca Romero relata su experiencia en Asia como si lo volviese a vivir, todavía se emociona recordando la final. “Eres muy joven Blanca, unos pocos privilegiados pudisteis ir allí y tú quedaste subcampeona tienes un gran camino por delante”, le recuerda su entrenador Diego Vázquez (ex campeón de Europa de K1). La joven asiente, “ya lo sé Diego”.

La timidez que destila su mirada ante el desconocido se esfuma de un plumazo cuando se sube al ring. Blanca Romero es otra. Técnica, fuerte y con una única meta: acabar con el brazo en alto. La berciana sólo piensa en mejorar, pero para llegar a este punto ha ido rompiendo estigmas. La joven es de etnia gitana, algo que hizo que al principio su sueño chocase con la tradición. “En nuestra cultura no es normal que una niña haga este tipo de deportes. En lugar del cante, baile o los caballos a mi hija le gustaba el Muay Thai. Tengo que reconocerlo, al principio a mi no me gustaba. Por medio de familiares que lo practicaban la dejamos apuntarse, pero no llegaba a pensar lo que hacía. Poco a poco lo fui conociendo, y eliminé esos prejuicios”, relata su madre.

Blanca Romero durante un entrenamiento con Diego Vázquez.

Como su progenitora, el resto de su familia también fue cambiando su visión cuando se fueron adentrando, junto con Blanca, en este deporte. En una esquina del ring, su madre no pierde un detalle del entrenamiento de su hija. El orgullo irradia por todos sus poros, sus ojos cuentan con un brillo especial. El ‘orgullo de madre’ está presente.

 “Es muy buena. Ella sabe que para nosotros es una campeona haga lo que haga. A mí había gente que me decía: ‘¿Cómo dejas a tu hija que haga ese deporte?’. Yo les contestaba con franqueza. En nuestra cultura hay muchas chicas que ahora están estudiando para ser maestras u otros oficios, a mi hija le hace feliz el Muay Thai y yo estoy muy orgullosa de que lo haga. Los tiempos cambian y yo para mis hijos quiero lo mejor. A Blanca tanto su padre como yo siempre le hemos dicho lo mismo, la apoyaremos siempre. Si ella quiere hacer Muay Thai y ser profesional la apoyaremos, que en un tiempo se cansa y quiere hacer otra cosa, también. Lo que nos importa es que sea feliz y sobre el ring lo es”.

A base de golpes Blanca Romero ha ido ganándose un nombre en el tapiz. “Ella es muy conocida dentro de nuestro mundo”, reconoce gozoso su entrenador. Y es que con tan sólo 12 años, Blanca ya ha conseguido mucho. Su camino continúa el de muchas mujeres que reclaman su sitio en los deportes de contacto, pero su ruta ha hecho algo más. En la historia ha habido muchos competidores de etnia gitana, sólo faltaban sus mujeres. Blanca ya ha puesto la primera piedra. No será la última. 

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