ROCKETS 139-LAKERS 100

Nuevo desastre de los Lakers con D'angelo Russell ya señalado

Segunda vez en la temporada en la que los Lakers anotan al menos 100 puntos y pierden por al menos 39. Russell, en un momento delicado.

México
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Nuevo desastre de los Lakers con D'angelo Russell ya señalado

Los Lakers estrenaron temporada, era Walton y era post Kobe, ganando en el Staples a Houston Rockets. Poco más de un mes después estaban 10-10. Ahora están 20-48, han perdido once de sus últimos doce partidos y 38 de los últimos 48. Los mismos Rockets les han ganado en sus dos siguientes duelos por idénticos 39 puntos: 95-134 y este 139-100. La de la pasada noche es la segunda derrota de la temporada por al menos 39 puntos a pesar de anotar al menos 100. A nadie más le ha pasado en los últimos siete años... ni una sola vez. La defensa alcanza mínimos históricos en una época de mínimos históricos y cualquier atisbo de construcción y buena química se fue por el desagüe hace semanas. Queda esa pelea por conservar el pick (será top 3 o se irá a Philaldephia), que no debería implicar bochornos como este en Houston (46-25 en el último cuarto) y queda la sensación de que hay jugadores suspendiendo un examen crucial. El futuro se está decidiendo, y no todos parecen ser conscientes de ello.

Es el estado de las cosas: la llegada de Magic Johnson y Rob Pelinka (con la alargada sombra de Kobe Bryant) a los despachos ha convertido este final de temporada en una prueba esencial para el núcleo joven del equipo. Los veteranos fichados por Jim Buss y Mitch Kupchak a golpe de exceso de talonario (Luol Deng, Timofey Mozgov) no van a jugar más, las derrotas son bien recibidas salvo que impliquen bochornos como este en Texas, y empieza a crecer la sensación en torno al despacho de Magic Johnson de que el próximo verano solo estarán completamente a salvo Brandon Ingram e Ivica Zubac. ¿Los demás? Pueden ser moneda de cambio. De Jordan Clarkson se percibe que ya está cerca de su techo, Julius Randle gusta pero se iría si ayuda a que el retorno sea importante y D’Angelo Russell es ahora mismo un quebradero de cabeza. Acaba de cumplir 21 años y le sobra talento pero le falta por ahora liderazgo cuando se aproxima un draft con al menos un par de guards que pueden ser verdaderamente especiales. Como si quisiera ponerle a prueba, Luke Walton está jugando con su rol (base o escolta, titular o suplente) y el jugador está absolutamente desorientado. ¿Suspendiendo un asunto crucial? Ya veremos. Pero ante los Rockets entre él y los titulares Clarkson y Young firmaron un 9/38 en tiros (1/18 en triples). En triples, por cierto, hubo 45 puntos de diferencia: 18/43 unos, 3/25 los otros. Como año I de la era Walton, el balance es ya un suspenso. Si se hace el corte en el reciente golpe sobre la mesa de Jeanie Buss y la llegada de Magic y Pelinka, la nueva era acaba de empezar… Pero el presente, y por lo tanto el panorama, es desolador.

Los Rockets, por el contrario, siguen con su temporada de felicidad: 41-41 la pasada, 47-21 ya en la presente, en la que han superado los 120 puntos 26 veces y solo han perdido una. En la que ya han igualado el tope histórico de la franquicia (14) de victorias por al menos 20 puntos. Tienen el tercer mejor balance de la NBA y James Harden lidera una pelea histórica por el MVP, esta vez con su decimoséptimo triple-doble del curso (18+12+13 en poco más de 30 minutos). Ryan Anderson y Eric Gordon, eso sí, siguen lejos de su mejor estado de forma y esa debería ser la principal preocupación de cara a playoffs de un equipo que recuperó la mejor versión de Lou Williams, feliz contra el que era su equipo hace un mes: metió (7/9) los mismos triples que en todos los partidos anteriores de marzo (7/30) y terminó con 30 puntos después de anotar sus diez primeros tiros de campo. No hay, desde luego, mejor receta para un mal bache que enfrentarse a estos Lakers incapaces de jugar contra las adversidades, de agrupar sus virtudes cuando las cosas se tuercen, de mostrar el carácter que exige el tránsito por las vicisitudes de una Regular Season completa. Mientras eso no empiece a cambiar, el futuro seguirá muy lejos. Se tenga el talento que se tenga. Así que ojo al verano que se avecina…