Tercer tiempo

Tercer tiempo

El ruido del dolor

Cuando Theo salió de ver a Aleix Vidal, roto ya su pie, dolorida su mirada y dolorido su futuro, estaba tan triste como su compañero del Barça, al que había abatido. Julio Cortázar lo dice en su célebre cuento: no se culpe a nadie. Es fácil en el fútbol buscar culpable, pues este es un deporte altamente competitivo: alguien tiene que perder para que el otro gane. Pasó luego en El Sadar: Tano cae ante Isco. Tremendo el dolor en el fútbol.

Levantarse

En aquel caso, ese choque fortuito de consecuencias desmesuradas (ya Vidal se pierde el resto de LaLiga), jugaron factores que el fútbol mantiene como exageraciones: en la vida se dice que hasta que el rabo pasa todo es toro. Y así debieron sentirlo ambos futbolistas, que en el minuto 89, con todo el pescado vendido definitivamente, juzgaron imprescindible romperse a jugar. Vidal no podía levantarse del suelo.

El coro humano

Hubo de inmediato un coro humano muy propio de lo que ocurre en los barrios cuando se produce un accidente: como hay que buscar algún culpable en la vecindad, los gestos de los futbolistas se dirigieron airados a la Cruz Roja, que llegaba tarde a recoger al herido. Ese nerviosismo es consecuencia del dolor, uno no sabe cómo atajarlo y hace algo, aspavientos, para que se note que no está indiferente.

Lo más natural

Cuando esto pasa en el fútbol, algo se rompe en nosotros. Esa imagen del tobillo de Aleix Vidal ya roto, ya inservible para la práctica del fútbol, es la imagen que se nos quedó. Y luego se nos quedó otra que no vimos: Theo y Aleix hablando a solas del infortunio, la tristeza de Theo, la cara de Aleix, quizá las lágrimas. Lo más natural, lo que hace grande lo que no se ve del fútbol. Isco sintió lo mismo ante Tano. El fútbol no va tan solo por fuera.

De resto, el fútbol

En su libro La boca de la tierra (que acaba de publicar Visor), Manuel Rivas (del Depor, pero también del Celta) narra una jornada de Liga: “Nunca te olvidaré, 8 de mayo de 2010./ Quedas declarado el Día de la Tristeza./ En la liga de fútbol,/ Ganó el Barça y también el Madrid/. Muchos fueron felices…” Y eso pasó el sábado. Era feliz José Gómez Talero, camarero del Zerain, un asador de la calle Quevedo de Madrid.

Un golpe de vida

Hay golpes en la vida tan fuertes... César Vallejo narra los golpes de vida que te sacan de quicio. Gómez Talero recibía el sábado desde Japón, donde vive su hijo, las alegrías (y el pesar) del Osasuna-Madrid. Él es blanco, como Roncero. Iba de una mesa a otra con un oído en El Sadar vía Japón. La alegría de ganar se notaba hasta en la calidad de las ensaladas que servía. La afición juega al fútbol hasta durmiendo.

Roque Nublo

El himno mejor de Gran Canaria, ese Roque Nublo, la fuerza de la isla. En el fútbol, el Roque es Roque Mesa. Todos se fijan en Vitolo, en Viera, en Jesé, sangre futbolística grancanaria. Pero el héroe es Roque, la estatura de los futbolistas fuertes. El Sevilla tembló ante su destreza para construir. Un arquitecto bajo el Roque Nublo. La UD Las Palmas siempre tuvo jugadores así.

Rumor del mar

UD, Celta. Equipos atlánticos, como la poesía de Rivas. Entiendo a los aficionados de ambos equipos: verlos jugar no importa tanto el resultado, marca la belleza de la jugada, la intención estética de los jugadores. El Sevilla y el Atlético son equipos mayores. El Sevilla ganó y el Atlético lo hizo heroicamente. Difícilmente estos equipos atlánticos son vencibles en la estética. Se juntan como si el fútbol estuviera en su memoria.

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