PELICANS 124-CAVALIERS 122

Triple-doble de LeBron, 49 de Kyrie y otra derrota de los Cavs

Sin Anthony Davis, los Pelicans también ganan a unos Cavaliers que llevan cinco derrota en siete partidos y que jugaron un primer tiempo nefasto.

Madrid
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Triple-doble de LeBron, 49 de Kyrie y otra derrota de los Cavs
Derick E. Hingle USA Today Sports

Estos son hechos del partido jugado por los Cavaliers en Nueva Orleans, hogar del próximo All Star Game:

-Anthony Davis no jugó en unos Pelicans que venían de perder de forma bochornosa (114-143) en esa misma pista contra los Nets, el peor equipo de la NBA.

-LeBron James firmó su cuarto triple-doble de la temporada (26 puntos, 10 rebotes, 12 asistencias)

-Kyrie Irving llegó a su tope anotador del curso: 49 puntos con un 8/14 en triples.

-Kevin Love alcanzó un dignísimo 22+16+6.

-Los Cavaliers anotaron 72 puntos en la segunda parte.

Hechos que de ninguna manera parecen encajar con el principal: los Cavaliers perdieron en Nueva Orleans (124-122). Su quinta derrota en siete partidos, el peor tramo con LeBron de vuelta para un equipo demasiado empeñado en los últimos días en que parezca que no pasa nada. Y en el gran esquema de las cosas seguramente sea así: los playoffs están lejos y en el Este nadie parece querer darles ni un ligero dolor de cabeza. Cuanto más pierden ellos, más pierden Raptors y Celtics. El enero de los Cavs es por ahora un inexplicable 5-6 por mucha dureza del calendario, problemas físicos e inserción de Kyle Korver que le quieran poner. Y aunque no pase nada. Sus problemas habituales de esta última avalancha de derrotas (poca circulación, muy poca concentración en el rebote defensivo) aparecieron en un primer tiempo absolutamente vergonzoso: 70-50, tronchados por unos Pelicans que metían el 60% de sus tiros al ritmo de Jrue Holiday (al final 33+6+10) y Terrence Jones (36+11+3 tapones). Como si la baja de Anthony Davis les garantizara el triunfo, los Cavaliers salieron a la pista sin ninguna tensión competitiva.

Y lo peor para ellos fue que después lo intentaron. Su segunda parte fue furiosa, con LeBron alcanzando 44 minutos y Kyrie, 43. El primero percutiendo a base de insistencia en una noche poco brillante y el segundo liderando una carga tremenda con ese talento suyo tan único: 19 puntos en el tercer cuarto, 35 en la segunda parte. Los Cavaliers se pasaron dos cuartos a punto de remontar pero no remontaron. Llegaron al 119-116 a falta de 90 segundos, con Irving anotando por tierra, mar y aire y su rival boqueando. Al final, los Pelicans reunieron un puñadito de puntos (el goteo de tiros libres, la determinación de Jones, un par de triples esquinados de Cunningham...) y apretaron los dientes en defensa. Incapaces de sellar a Kyrie, frenaron los demás y agobiaron a un LeBron que perdió seis balones y que en las jugadas decisivas se llevó un tapón monstruoso de Jones y un robo de Galloway, definitivo ya en los últimos 30 segundos y con 120-116.

Los Pelicans se armaron de orgullo después de su desastre sísmico ante los Nets. Está tan barato el octavo puesto del Oeste que todavía lo tienen a tiro, a la espera de que vuelva Davis. Esa es su batalla en un año por ahora decepcionante. La de los Cavs es otra muy distinta, una que se librará en mayo y junio, ni siquiera en la segunda quince de abril. Para entonces serán un equipo totalmente distinto a este al que le cuesta ganar hasta cuando pone los cinco sentidos en ello, como en esta segunda parte de Nueva Orleans. Es algo de lo que no tenemos a priori ninguna duda, ¿no?