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Si alguien podía, era el Sevilla

La racha del Madrid se paró en cuarenta, número bíblico. Se acabó en Sevilla, no podía ser en otro sitio. Estuvo a punto de pasar el jueves, y ocurrió al fin ayer, gracias a una reacción rabiosa, en juego y fe, del Sevilla a un gol de penalti para mí poco convincente del Madrid. Ahí, sin mucho partido ya por delante, el Madrid creía que ya todo era cuestión de dejar pasar el tiempo. Pero el Sevilla se negó a eso y transformó un partido que había sido táctico, como una partida de ajedrez, en un arrebato, se fue arriba, armado del mucho fútbol que tiene y una fe infinita. Y así consiguió quitarle al Madrid el invicto y hasta su sello más querido: el gol en el descuento.

Gol final de Jovetic, por cierto, el fichaje de esta semana, que ya impresionó el jueves. Y antes, autogol de Sergio Ramos, en uno de esos guiños traviesos de los duendes del fútbol. Nada que reprocharle: hizo un buen partido. No sale tan indemne Keylor Navas, que en ese autogol se quedó en la raya y que en el de Jovetic estaba mal colocado. No fue su día. No fue el día del Madrid, que salió con tres centrales y no terminó de verse cómodo con ese traje. Jugó frío, sin poderío en ninguna zona, sin mando en el partido. Llegó poco hasta sus delanteros, Cristiano y Benzema, y encima cuando llegó a ellos, le fallaron.

El Sevilla ha dado un puñetazo en la Liga. Se pone segundo, a un punto del Madrid y uno por encima del Barça. Y ahora, tras ver caer al Madrid, ya no parecen tan seguros los puntos de Valencia. La caída coincide con un aire mejor del Barça, al que ante Las Palmas le funcionaron por fin los suplentes (¡hasta Aleix Vidal!), cuestión poco baladí. El Atleti vuelve a su partido a partido. El poderío del Madrid no se esfuma por esta derrota, pero la sensación de que era, como el Guerra, primero él, después ‘naide’ y después de ‘naide’ el que quieran poner, se esfumó ayer. Se esfumó en Sevilla, el único lugar en que podía ocurrir.