Los Texans humillaron a unos Raiders que no son nadie sin Carr

Texans 27 – Raiders 14

Los Texans humillaron a unos Raiders que no son nadie sin Carr

Los Texans humillaron a unos Raiders que no son nadie sin Carr

TYLER SMITH

EFE

Unos tristes Raiders sin ideas, ni alma, estuvieron siempre a merced de los Texans, que dominaron en defensa y fueron muy prácticos en ataque.

Patriots - Texans en vivo

Partamos de una premisa ineludible: para que pueda celebrarse un partido de football americano es necesario que haya dos equipos. Por tanto, en estos momentos difíciles del tercer cuarto en el que empiezo a escribir, porque lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible, tengo una duda existencial grave. Me pregunto si no deberíamos demandar a la NFL todos los que tenemos contratado el game pass. Había anunciado un partido para el sábado que no se celebró. Por mucho que nos duela.

Sobre el campo estaban los Texans. De eso no cabe ninguna duda. Con los mismos problemas ofensivos de siempre y un Jadeveon Clowney descomunal, que aprovechó en cada jugada que enfrente no estaba Donald Penn, el hombre clave de la línea ofensiva de ‘los otros’.

Nadie me va a convencer de que los señores vestidos de plata y oro que se movían como espectros por el campo eran los Oakland Raiders. Acepto que había una manada de sombras espectrales deambulando por ahí, pero lo que es jugar a football americano, me temo que ni lo intentaron. Y ahí está el problema. ¡¡¡Ni lo intentaron!!!

Entiendo, asumo, es más, llevo años defendiéndolo a capa y espada, que en este bendito deporte el puesto más importante es el de quarterback. Y entiendo, asumo y defiendo, que Derek Carr es el alma de un equipo que con él aspiraba a todo y que sin él no tiene rango de playoff. Pero más allá de victorias o derrotas, de bajas significativas y batallas imposibles, un equipo debe tener alma, espíritu, intención, mala leche. ¡Garra! Y los Oakland Raiders parecieron presentarse porque no tenían más remedio. Porque si de ellos hubiera dependido, se habrían quedado en sus casas a ver el fin de semana de Wild Card con palomitas y una cerveza fresca, o al menos eso pareció.

Desde el primer momento se vio que Connor Cook no está para jugar a esto contra los buenos… ni los medianos. Y Jack del Rio, con su tradicional y proverbial ‘atrevimiento’, intentó ganar el partido con carreras imposibles por entro de Latavius Murray y pases de pantalla. Audacia pura. Velocidad sobrecogedora. Y hasta eso se le vino abajo cuando a las primeras de cambio Jadeveon Clowney casi intercepta la pelota, para poco después robar la cartera a Cook de plano. Intercepción en una jugada de ‘screen pass’. Definición absoluta del nivel lastimoso al que se movía el partido.

Entre el primer touchdown de Lamar Miller, un field goal anterior, y otro posterior, de Nick Novak, y el de DeAndre Hopkins que cerró la primera mitad, y prácticamente el simulacro de partido, Latavius Murray anotó un touchdown gracias a que los Raiders consiguieron empezar una serie en campo contrario por un error de equipos especiales de Houston. Durante unos minutos hasta se nos iluminaron los ojos, y pensamos que había partido, cuando vimos al corredor de Oakland romper con carreras interiores y poner en apuros a sus rivales hasta llegar a la end zone. Pero fue solo un espejismo. Todo quedó reducido a unos instantes durante los que si hubo dos equipos sobre el campo, para justificar el pago de la entrada.

Y mientras, la defensa de Houston se daba un festín con la línea ofensiva de Oakland, que además perdía durante muchos minutos a Rodney Hudson, su center; Johnathan Joseph anulaba a Amari Cooper; Michael Crabtree se hinchaba a dejar caer balones hasta que tenía que abandonar el partido por conmoción…

Brock Osweiler, el cuestionado quarterback de Houston, no jugaba ni bien ni mal, sino todo lo contrario, pero por el camino conseguía un touchdown de carrera en la segunda mitad, y se daba gritos de ánimo como si enfrente hubiera gigantes y no fantasmas.

En los últimos minutos los Raiders intentaron manifestarse. Quizá Del Rio tenía en la banda una ouija y decidió usarla. Pero cuando se intenta atacar sin orden ni concierto, una vez puede llegar un touchdown de Andre Holmes, pero a la siguiente interceptan a Connor Cook por segunda vez, y una tercera más, y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Y por arte de birli birloque, los Texans están en ronda divisional después de conjurar a unos fantasmas que, por no tener, no tenían ni ectoplasma. Unos Raiders que no se llevó el viento, sino un río. Pero que la semana que viene tendrán que andarse con ojo. Si se descuidan, y sabiendo los rivales que tendrán delante, pueden ser ellos los que se conviertan en fantasmas.

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