El VAR anima esta final Madrid-Kashima

¿Es esto una final? Sí, lo es, aunque parezca carecer a priori de la emoción propia de esos trances. La victoria del Kashima se paga 21a1 en las apuestas, la del Madrid, 1,11 a 1. No sé de final ninguna tan desproporcionada en las apuestas. A esta se ha llegado porque el Kashima, que acudió al campeonato invitado como campeón local sin serlo de ninguna de las confederaciones, ha ido ganando sucesivamente a los de Oceanía, África y ¡Sudamérica! hasta plantarse aquí, ante el Madrid que, como europeo, sólo ha tenido que jugar (y ganar, claro), una semifinal. Dice Zidane que con el nombre no se gana. Pero con los jugadores, sí.

Claro que los del Madrid tendrán que moverse, correr, con eso se cuenta. El día del América se vio a varios atascados por el ‘jet lag’. Tres días después no les pasará, o les pasará menos. El Kashima tiene un juego agobiante e insistente, corren mucho, pero el balón estará del lado del Madrid, con su corte de figuras internacionales de la que sólo faltará Bale. En todo caso, para el Kashima ha sido un tremendo logro meterse ahí y seguro que no va a regalar nada. Hoy será, pase lo que pase, un día feliz para Yoichi Takashaki, el dibujante de manga que creó ‘Óliver y Benji’ con la esperanza de lanzar el fútbol en Japón. Esta final es su premio.

Como Dios escribe derecho con renglones torcidos, nos hemos encontrado que este Mundialito tan sosete en el campo lo ha animado el sistema VAR, sobre el que habló ayer Infantino en una comparecencia que me recordó la de Pepe Isbert ante sus vecinos cuando ‘Míster Marshall pasó de largo por Villar del Río: “Os debo una explicación, y esa explicación os la voy a dar”. De momento, de este sistema yo doy por seguras dos cosas: una, que hará correr muchas comisiones en licencias y aparatos; otra, que dará trabajo a muchos ex árbitros, tres por partido. Todo lo demás está por ver. Y si hay que juzgar por lo visto hasta ahora...